Rambo El regreso del boina verde tartamudo

  • El ex combatiente que se zurce las heridas vuelve a las pantallas: el próximo 1 de febrero se estrena la cuarta parte de la saga. El rodaje se ha desarrollado en Tailandia con John Rambo intentando liberar a unos misioneros

Primera puntualización: Stallone jamás dice "no siento las piernas" en Acorralado, la primera película de la saga. Balbuceante, explicaba al coronel Trautman que no "encontraba" las piernas de un amigo en un bar de Saigón tras estallar una bomba. Y tras todas las mofas posibles, John Rambo regresa en 2008 con la cuarta entrega del boina verde más tartamudo del cine. Aunque en las reseñas suele tener el calificativo de "una de las series más infames de la historia", volverá a ser un éxito de taquilla.

En principio, se había barajado que la historia giraría en torno a una banda de neonazis que secuestraba al hijo del protagonista, tras lo cual, comenzaba el habitual baño de sangre. Finalmente, el argumento -escrito por Art Monterastelli y Kevin Bernhardt- le llevará de nuevo a las selvas asiáticas para salvar a unos misioneros de unos sádicos militares de Birmania. Así que coge su arco y sus flechas -con las que pesca un descomunal pez al comienzo del filme- y se lía la manta a la cabeza para rescatarlos. Tampoco falta el habitual cuchillo-brújula con kit para coser cualquier herida; sin anestesia, por supuesto.

El rodaje se ha desarrollado en Tailandia y el 80 por ciento de la película transcurre en Bangkok y en las provincias de Chiang Mai y Chiang Rai, que se han llevado a la saca 5 millones de dólares por aguantar en sus selvas al guerrillero desquiciado, que ejerce además como director en la que será la entrega más gore de Rambo. Si en Acorralado morían 13 personas y en Rambo III palmaban 108, en la cuarta entrega tendrán que ampliar los cementerios de Tailandia. Además, los cadáveres que dejará Rambo a su paso estarán más descuartizados que nunca y se permite incluso cortar la cabeza a un malo malísimo.

"Es un experto en guerrillas, entrenado para no sentir dolor y comer cosas que harían vomitar a una cabra...". Así le definía el coronel Trautman -Richard Crenna- en Acorralado, el mismo personaje que le buscaba la ruina en Rambo II en plena fiebre patriótrica. "No culpes a tu país por esto", decía Trautman -con cara de alcohólico despistado-. "¿Culparlo? moriría por mi país", respondía el boina verde para soltar a continuación su dosis de moralina. "Lo que yo quiero es que mi país me quiera tanto como yo lo quiero a él". Y después, Rambo se alejaba con los brazos casi en cruz por la sobredosis de esteroides, producto que tampoco faltará en Rambo IV: Stallone tuvo serios problemas legales en Australia cuando se le intervinieron esteroides como para surtir a todos los gimnasios del mundo.

Al cacao mental de Stallone se suma además ahora su regreso a la fe. Dice que, al nacer su hija enferma, comenzó a "poner todo en manos de Dios, su omnipotencia y su gran misericordia". Así, el nuevo Rambo, un ateo que no cree en nada, empezará a verse influenciado por los misioneros. Eso sí, sin soltar la ametralladora. Con todos los prejuicios asumidos, una cosa es indiscutible: la calidad de la banda sonora compuesta por Jerry Goldsmith, que lo mismo vale para que Rambo entierre a su recién estrenada novia -Rambo II-o para una persecución de helicópteros con un comandante soviético que protagoniza uno de los pocos momentos cómicos: "¿Donde están los misiles stinger?", pregunta a Trautman en Rambo III. "Cerca, muy cerca", responde para pavonearse después: "En su culo".

Pero en la nueva entrega, el personaje interpretado por Richard Crenna debe estar acabando las existencias de cualquier taberna y el resto de actores son, entre otros, Julie Benz, Matthew Marsden, Sam Elliot, Reynaldo Gallegos... Y Silvester Stallone en busca de los charlies. Finalmente se cumple el dicho popular: tienes más peligro que Rambo en un restaurante chino.

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