Redención a través del pop

  • El Perro del Mar se vuelve religiosa con 'From the valley to the stars'

El Perro del Mar no ha tardado mucho en volver a dar señales de vida. From the valley to the stars (2008) es un regreso fiel que vuelve a firmar Sarah Assbring, la mujer que ha decidido darse a conocer con tan peculiar nombre y que ha hecho del menos es más su filosofía de trabajo. Su otra máxima, relacionada con la anterior, es la autoproducción llevada al extremo.

From the valley to the stars es otra ración de low fi minimalista, pero si en su debut la repetición formaba parte del estilo de El Perro del Mar, en esta continuación lo es todo. Los textos de Sarah Assbring son mantras, y su música casi también.

Desde su casa en Gotemburgo, Assbring ofrece una obra de marcado corte religioso -esos coros y esos órganos parecen sacados de una sobria iglesia luterana-, que refuerza su espíritu melancólico e íntimo, aunque algo menos pesimista que en su primera entrega.

Lo malo de tanto minimalismo e introspección es que así las melodías nacen desnutridas, casi invisibles. Hay mucha atmósfera aquí, pero en algunas ocasiones no hay mucho más. Uno de lo pocos oasis, en los que Assbring ha escrito algo más que una frase y además le ha puesto ritmo, es Somebody's baby, puro twee pop, dulce y pegadizo.

Títulos como Jubilee o Glory to the world -con ellos comienza el disco- hablan a las claras de las intenciones de El Perro del Mar, un proyecto que atraviesa su periodo más Bergman.

Existe muchos pasajes hermosos en estos minutos de recogimiento sacramental -Happiness won me over apetece cantarlo con un libro de salmos en la mano-, pero quizá Assbring haya lanzado una apuesta que la modernidad que la aupó no esté dispuesta a asumir. From the valley to the stars atesora muchas de las virtudes que nos hicieron fijarnos en esta cantante que pretende vivir anclada en los 50 -esas fotos promocionales-, pero tanta depuración nos ha privado de más canciones.

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