Rocío Molina se alza con el Premio Nacional de Danza a los 26 años

  • El jurado distinguió a la joven bailaora malagueña como mejor intérprete por su aportación a la renovación del arte flamenco, "capaz de los más diversos registros" · La artista prepara ahora su octavo montaje

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Al otro lado del teléfono, Rocío Molina destilaba satisfacción. La noticia del Premio Nacional de Danza cogió ayer a la artista en una típica mañana de "recados en el banco" por las calles de Sevilla. Para digerir la información, la malagueña tuvo que salir a la calle "a coger un poco de aire". Ser merecedora de la mayor distinción nacional a toda una carrera con tan sólo 26 años no es asunto baladí. Cada uno de sus siete montajes ha sido bendecido por crítica y público. Sin ir más lejos, este mismo año el propio Baryshnikov se rindió literalmente a sus pies cuando la vio bailar Oro Viejo en el City Center de Nueva York. Poseedora de un sello propio en el flamenco más innovador, Molina arriesga en cada propuesta y esa osadía le ha hecho merecedora, del Premio de la Prensa Mario Maya al Baile (2008), el Premio Giraldillo a la Mejor Coreografía (2008) y el Premio de la Cátedra de Flamencología de Jerez por Oro viejo (2009), entre otros galardones. El que recibe ahora cogió a la bailaora con el paso cambiado.

"Todos los años suelo estar pendiente de estos premios, por mis compañeros. Pero este año, con todo el jaleo que he tenido se me pasó", confesaba. El jaleo al que alude es la presentación en la pasada Bienal de Sevilla de su último espectáculo Cuando las piedras vuelen y la preparación del siguiente, aún en gestación, pero con fecha de estreno. No será en el certamen hispalense sino en el Teatro Lope de Vega -también de Sevilla- el 17 de mayo. La creadora expresaba ayer su deseo de que el nombramiento le ayude a llevar su nuevo montaje a su Málaga natal. "Espero que ahora sí", sostenía. La artista le dará forma entre el estudio de Sevilla y un nuevo espacio que acondiciona estos días en plena campiña onubense. Será un espectáculo "adaptado a los tiempos de crisis", con los "mínimos recursos posibles", en "formato casero", pero que "superará en calidad al anterior", admitía con el aplomo que la caracteriza. "El premio me llega en un buen momento. Necesito energía para encerrarme a montar mi espectáculo", comentaba.

El jurado del Inaem (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música) ha valorado en Molina su aportación "a la renovación del arte flamenco, capaz de los más diversos registros". Que la hayan precedido en este galardón artistas de la veteranía de Teresa Nieto, Sol Picó, o Israel Galván sorprende aún más a la malagueña. "He corrido mucho y trabajado muy duro", expresaba. Tanto su nombramiento como el reconocimiento por la Unesco del flamenco como Patrimonio de la Humanidad espera den "aire fresco" a este género, "que nunca viene mal", añadía.

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