Ruido y mucho caos, con arte al fondo

Ifema es el enorme, inmenso y múltiple recinto ferial madrileño que acoge a ARCO, en los pabellones 12 y 14, el segundo es de dos plantas. Pues no es suficiente. Hay gente por todas partes y nadie parece saber a dónde va ni por qué. Ni desde la organización saben decir qué pasa en la feria. "¿Una presentación? ¿De qué?", comenta una encargada de prensa. "¿La galería Javier Marín? Ni idea", responde otro encargado, quizá más pendiente de su peinado. Sí, hay mucho moderno; y mucho profesional, y es que la abarrotada jornada de ayer era solo para prensa y profesionales. Increíble.

Todos van con sus identificaciones, y estas con sus códigos de barras -una máquina te lee la personalidad y la tarjeta para que el vigilante decida si puedes pasar-. Quien si pasa tranquila es la directora, con su ayudante cargando con el móvil. También va tranquilo Fernando Francés, entre otras cosas director del CAC Málaga: sin tarjeta pero de compras, tal y como reconoció al bajar por las escaleras mecánicas, que no hacen distinciones.

Mucha gente, muchas obras -mencionen un artista y está allí, salvo que sea malagueño, que son pocos- pero no muchos puntos rojos al lado de las piezas -rojo igual a vendido-, ni tampoco mucho interés por lo colgado en las paredes o tirado en el suelo. El público, y son especialistas, se mostraba más concentrado al hojear libros en las dos librerías que han asistido a la feria. Es normal, son libros muy bonitos, de muchas fotos y título muy grandes y en colores.

Lo que menos hay en ARCO es arte, y del brasileño ni noticia -es el país invitado, y puedo asegurar que se pueden pasar horas en el caos de la feria sin ver nada carioca-. Hay camareros que llevan zumos a galeristas de relumbrón y pelos de colores, hay mujeres con gafas de sol y hombres con sombreros pequeños, los hay sentados en el suelo y sentados en sillas de diseño... Es fácil observar un paisaje humano en esta feria, pero lo difícil es pararse a mirar un cuadro. Recuerdo que detrás de una chica de traje rojo había una fotografía de García Alix, y al lado de un muchacho con una corbata de cuero muy fina se levantaba tímida una escultura de Tony Cragg. Ah, la de calle Larios sufre menos abandono, y también pasa mucha gente.

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