Cuando Scott Walker era un artista pop

De todos los tipos raros que ha dado el pop anglosajón, y son muchos, Scott Walker es uno de los más peculiares. Estadounidense de nacimiento, pero británico de sentimiento, Scott Engel, ese es su verdadero nombre, tuvo una época en la que no era un artista oscuro y enigmático accesible sólo para unos pocos exquisitos. Scott Walker triunfó con los Walker Brothers y con este álbum, su segundo trabajo en solitario y número uno en ventas en el Reino Unido en 1968.

Antes de embarcarse en un viaje hacia la oscuridad y el casi anonimato, Scott Walker grabó este maravilloso disco de pop orquestal en el que no reina la depresión -eso vendría en su cuarto álbum-, sino que busca la inspiración en Frank Sinatra y, sobre todo, en Jacques Brel -del belga hay aquí tres canciones, una de Tim Hardin y otra de Bacharach y David-. El resultado es un bello esfuerzo de pop maduro y melodramático, en el que su voz profunda -no cavernosa- está arropada por algunos de los más preciosos arreglos de los años 60, con unos vientos de excepción y unas cuerdas que pueden elevarte al cielo. Ojo, a David Bisbal le gusta.

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