Pedro Guerra. Cantautor

"Siempre me sentí al margen de las tendencias"

  • El canario regresa a Andalucía para presentar sus dos nuevos trabajos, 'Arde Estocolmo' y una serie de sonetos de Joaquín Sabina a los que ha puesto música.

Tras su visita a Andalucía a finales del año pasado, Pedro Guerra regresa a la comunidad autónoma para presentar los dos nuevos discos que ha publicado simultáneamente, Arde Estocolmo, de canciones nuevas, y 14 de Ciento volando de 14, en el que pone música a sonetos escritos por Joaquín Sabina. La cita es mañana en Sevilla.

-Para abrir Arde Estocolmo, usted apuesta por una reivindicación de la risa. ¿Tiene esto un sentido especial en los tiempos actuales?

-No he hecho una reivindicación de la risa por los tiempos que corren sino porque la risa me parece un motor importante para todo en la vida. Lo que pasa es que ciertamente en estos momentos reivindicar la risa forma parte de las cosas que se pueden hacer para intentar tirar hacia adelante y tener la actitud positiva que hay que tener para poder empujar las cosas cuando van mal. El origen de la canción es algo que leí sobre las ya diagnosticadas epidemias de la risa; eso me dio pie para hacer una canción sobre algo que, insisto, considero muy importante.

-¿Hay algo revolucionario en esa reivindicación?

-No lo sé. Hay quienes dicen que sí. De lo que no hay duda es que para superar los malos momentos en todos los sentidos en que uno los pueda imaginar no sirve el pesimismo, el bajón, el mirar con negatividad las cosas... Sí, desde luego es una posición de mayor activismo sentir que las cosas se pueden mejorar, tener una actitud positiva.

-¿Se considera habitante de algún margen?

-Posiblemente sí. Me siento absolutamente al margen de la cultura, o la no-cultura, impuesta desde el poder, por decirlo de alguna manera. Siempre me sentí al margen de las tendencias, de las imposiciones que de alguna forma vienen dadas desde el mercado y la industria. Siempre viví al margen de eso. Cuando tenía 16 o 17 años me gustaban otras músicas diferentes de las que sonaban en la radio... Quise cantar a muchos márgenes porque creo que uno puede elegir vivir al margen. La marginalidad no siempre es un concepto negativo. Tú decides vivir al margen porque no te sientes representado por la mayoría.

-Parece saludable para quien decide hacer música o poesía buscar algún espacio al margen en el que crecer, huir del centro hiperpoblado e impersonal...

-El centro está poblado y a mí personalmente me interesa menos. Me interesan los márgenes que he elegido para vivir y también me interesa la gente que vive al margen, pero no lo ha elegido.

-En el disco hay risa, pero también lobos. ¿Qué lobos le dan a usted más miedo?

-Los lobos de los que hablo en la canción no me dan miedo. Esta canción surgió de un tuit que leí sobre los lobos de Abruzzo, una zona de Italia, que empezaban a ser vistos fuera de su espacio habitual, empujados por las circunstancias, los cambios climáticos, los cambios que el hombre ha hecho sobre la naturaleza para mal y que han obligado a ciertas especies a abandonar su hogar habitual para acercarse a las ciudades y los pueblos. Me da más miedo el que produce eso, el que con su acción rompe el ciclo vital de la naturaleza, que afecta no sólo a los animales sino también a las personas que tienen que huir de sus países para llegar a otros nuevos países en los que no son acogidas sino vistas como enemigos. Todo esto está implícito en la lectura que puede hacerse de la canción y me da más miedo que los lobos reales, que en definitiva son expulsados de su hábitat y aparecen simplemente reclamando comida.

-¿Cómo concilia en su obra lo poético con lo político?

-Intento contar lo político siempre desde lo poético. Intento que la poesía sea mi manera de expresión, hable de lo que hable. Para mí lo más difícil de una canción es encontrar cómo expresar algo. Intento aproximarme lo máximo posible a la poesía. Es cierto que en los temas más políticos es más difícil.

-En esa línea poética, además de sus textos, aquí recoge poemas de Arthur Rimbaud, Gerardo Diego y Rubén Darío...

-Estas canciones son restos de un trabajo más amplio que también tiene que ver con el soneto. Yo trabajé sobre 20 sonetos seleccionados por Luis García Montero y nueve de esas canciones acabaron formando parte del disco Sonetos y poemas para la libertad de Miguel Poveda. Otra parte quedó ahí, y en concreto tres acabaron en Arde Estocolmo.

-La canción que da título al disco trata de las apariencias, los velos engañosos que esconden la realidad de las cosas...

-Sí, eso sería como la visión más general: la visión más concreta hace una alusión directa a la corrupción. Para mí la lectura final tiene que ver por ejemplo con el proceso de la Transición democrática: un proceso idealizado en el que se nos ha olvidado mover los sofás para barrer debajo. Y cuando los sofás se mueven hay una suciedad que hay que limpiar... Es la sensación que tuve cuando leí que Estocolmo ardía: un ejemplo de sociedad y democracia tan avanzadas... Pero si mueves las alfombras vas a encontrar un montón de problemas por resolver. Es una lectura que tiene que ver con lo que ha sucedido en España en los últimos años.

-Todo el aparato simbólico del disco se basa en oposiciones: risa y miedo, sueño e insomnio, fuego y hielo...

-La verdad es que no lo había pensado. Hay cosas en las que uno no piensa pero acaban estando ahí. Vivimos en una constante contraposición, nos imponemos el deber de reír porque de alguna forma nos han llevado a una situación dramática... Siempre está el invierno, que llega y que puede ser duro, y como contraposición aparecen los momentos de más luz y más cercanos a la primavera o al verano. La verdad es que la vida es una constante búsqueda del equilibrio, pero éste se alcanza sólo en algunas ocasiones, lo normal es que estemos escorados hacia un lado o hacia otro, hacia la luz o la oscuridad...

-Despide el disco de la mano de Camille Claudel. ¿Qué supone para usted esta figura?

-Hay que aclarar que el disco físico se despide con la canción Ángela. Camille Claudel es un bonus que se añadió para las versiones digitales. Es un tema que yo he tratado mucho: las cuestiones de género. Fue una mujer con un talento increíble para la escultura pero que fue condenada a vivir a la sombra de Rodin. Ella acabó internada en un manicomio y vivió ahí durante 30 años; no tuvo el apoyo de Rodin ni el de su propia familia. La historia de las mujeres es la historia de las dificultades, de una lucha constante contra las dificultades de vivir en una sociedad absolutamente patriarcal.

-¿Cómo surge el proyecto de poner música a los sonetos de Joaquín Sabina?

-Surge a la vera del proyecto de los sonetos que conformaron el disco de Poveda, algunos de los cuales están en Arde Estocolmo. En ese proyecto le puse música a un soneto de Sabina y pensé en seguir tirando de ese hilo y hacer un trabajo concreto sobre él. Llegó el momento de un disco nuevo y yo necesitaba un trabajo de canciones propias, pero no quería aparcar el proyecto de Sabina, que me parecía muy interesante. Y decidí que éste se iba a convertir en un disco colectivo. Fui trabajando los dos proyectos simultáneamente.

-¿Cómo va a ser el concierto de mañana?

-Cantaré canciones de los dos proyectos, si bien me voy a centrar más en las de Arde Estocolmo. Y haré un repaso por mi repertorio más habitual, con algunas canciones que hacía años que no cantaba y he rescatado ahora. Voy con el teclista Luis Fernández y llevamos un ordenador para disparar secuencias. Es un formato que está a medio camino entre la guitarra y la banda.

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