Arte

Síntomas de nuestro tiempo

  • La Casa Encendida de Madrid acoge hasta el 1 de noviembre una exposición colectiva de la que forman parte malagueños como Carlos Miranda y Rogelio López Cuenca y dirigida desde la UMA

Esta exposición de tesis, que participa de un proyecto más amplio dirigido desde la Universidad de Málaga por Maite Méndez, es ejemplo de los llamados estudios de la cultura visual. Éstos examinan desde una perspectiva interdisciplinar fenómenos de muy distinta naturaleza relacionados con la esfera de lo visual, como, en relación al camuflaje, los propiamente artísticos, los de la cultura de masas, así como producciones filosóficas, antropológicas, de la teoría estética e incluso de las ciencias políticas que ayuden a visualizar esas prácticas dispersas -síntomas en toda regla- como propuestas de relatos que vengan a diagnosticar, o preconizar, estrategias comunes que responden a unas actitudes originadas, como en este caso, en la sociedad contemporánea. Camuflajes cuenta precisamente con esa virtud, la de ofrecernos un corpus iconográfico que ampare reflexiones de calado y que se constituya como reflejo de nuestro tiempo.

Aunque el origen de estas investigaciones hayamos de situarlo en torno al cubismo y al camuflaje militar, y que los ámbitos de los que extraer materiales son amplísimos (como señal de lo transversal), la muestra se centra en producciones artísticas actuales (en la última década con alguna excepción). Camuflajes opta por presentar piezas (vídeo, pintura y, especialmente, fotografía) que abundan en el carácter de resistencia que les ofrece a los artistas las estrategias como la que da nombre a la exposición y otras análogas como la ocultación, el engaño, el mimetismo, la infiltración, el simulacro y el apropiacionismo (las dos últimas se configuraron como ejercicios referenciales en los años ochenta y noventa).

En cualquier caso, se extrema esa noción del camuflaje como medio para la resistencia (también cabe la de universo sobre el que reflexionar plástica y estéticamente y su derivación como bien de consumo, un síntoma más, aquí eludido en parte); el término resistencia no ha de ser confundido con pasividad, todo lo contrario, ésta es activa y subversiva, propia del compromiso, la crítica, la militancia y lo político, ya sea hacia las instituciones-Arte-Cultura, los roles sociales o el poder. En cierto modo, no dejan de ser actitudes contra-hegemónicas, pues nacen en el seno de ellas e intentan desenmascarar, por lo general, los rudimentos y recursos mediante los cuales se afianzan los poderes dominantes, nos fiscalizan o nos imponen normas coercitivas y pautas de conducta; proponen alternativas para burlar el control; o bien mostrarnos, empleando el camuflaje como metáfora, lo pernicioso de lo oculto o admitido como natural.

Las sociedades occidentales se han configurado como ámbitos con altas dosis de libertad. Tal vez, se tienda a confundir libertad con confortabilidad, pues, sin necesidad de hablar de extintos estados totalitarios, la libertad es, a día de hoy, más vigilada. Lo tecnológico se ha convertido en nuestro modo de dejar el rastro: los móviles GPS, las conexiones a internet que pueden arrojar nuestros intereses en la red, los pasos de tarjeta de crédito o las cámaras de video-vigilancia pueden dar fe de dónde nos hallamos o con quién nos comunicamos. No vivimos bajo el stalinismo que inspirara el 1984 de Orwell, pero el gran hermano permanece, en ocasiones latente y otras muy despierto, en nuestras democráticas a la par que controladas sociedades.

¿Cómo escapar de ello? ¿Cómo escapar del bombardeo de mensajes consumistas, pautas de conducta y roles que los media difunden hasta la saciedad y hasta el acatamiento? ¿Cómo alertar de estos peligros? La selección de obras da buena cuenta de estas problemáticas. Una selección lúcida que alterna autores consolidados con otros emergentes, autores que tratan el camuflaje de un modo eventual con otros que lo han convertido en poética propia, y, ante todo y en lo fotográfico, la certeza de que este medio actúa como soporte y testigo de la fuerte componente performativa de muchas de esas piezas-acciones. Una selección que nos ofrece descritas las muy distintas maneras que tienen los artistas actuales de camuflarse, sus intereses y el sentido de sus obras.

De este modo, destacaría las imágenes subliminales de los spots publicitarios de Rogelio López Cuenca pasados en Canal Sur en 1994, verdadera guerra de guerrillas; la des-ocultación de ámbitos urbanos y naturales que nos son privados mediante vallas publicitarias y que se convierten en permeables gracias a Laura Marte; las mimetizaciones con los bienes de consumo de Laurent La Gamba -somos lo que compramos y poseemos-; la disolución del individuo en un medio como la China actual, paradójico y hostil conglomerado de capitalismo, comunismo y represión, o la de Desirée Palmen en la Jerusalén hipervigilada; las irónicas pinturas de Mateo Maté; la apropiación de obras de otros autores expuesta en esta misma muestra y el característico ejercicio de heterónimos de Carlos Miranda que dislocan los roles de los actuantes en la institución-Arte; las fotografías de Amondarain y Morimura (un clásico del apropiacionismo); la falsedad de la identidad y la apariencia de lo cibernético de La Mur; la disolución y mimetismo de la mujer con lo cotidiano y doméstico de Zacharias (las mimetizaciones de Marina Núñez hubieran sido igualmente apropiadas) y la invisibilidad de la mujer en el Islam de Essaydi; o la sentida, esquiva y poética autorrepresentación de Francesca Woodman, a estas alturas todo un mito.

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