Valerie Hemingway rememora la Málaga que recibió a su suegro

  • La secretaria del Premio Nobel y esposa de su hijo Gregory clausuró ayer en La Cónsula el congreso dedicado al escritor con un rico anecdotario íntimo

¿Quién es Ernest Hemingway? "Todo el mundo que conoció a Hemingway me dice cómo era. Cada persona parece tener su propia versión. Y yo también tengo la mía: un hombre anciano que disfrutaba de la comida, la bebida y la buena compañía". Así se refirió ayer Valerie Hemingway, secretaria primero y nuera después del Premio Nobel, al susodicho en La Cónsula, donde ambos habían compartido, entre otros momentos impagables, la fiesta por el 60 cumpleaños del autor de Adiós a las armas, con fuegos artificiales y algunos sofocos incluidos. Valerie Hemingway clausuró ayer en el privilegiado enclave el congreso Un verano peligroso. Málaga, 1959, que, desde el martes y bajo la organización del Instituto Municipal del Libro y la Fundación Manuel Alcántara, ha glosado desde todos los ángulos posibles la figura de Hemingway justo medio siglo después de aquella visita.

Valerie Hemingway, que llegó a Málaga desde Medellín para clausurar ayer el congreso en un salón de La Cónsula lleno de personalidades de la cultura malagueña, se inspiró durante buena parte de su intervención en sus propio libro de memorias, Corriendo con los toros, en el que da cuenta de aquel 1959 que pasó junto al Nobel en España, de festejo en festejo. La protagonista de la jornada de ayer era aquel año una periodista irlandesa de 19 primaveras que viajó a Madrid para conseguir experiencia y ser contratada por el diario The Irish Times. Pero en éstas se encontró con Hemingway, de quien la redactora sólo había leído Fiesta "porque en Irlanda casi todos sus libros estaban prohibidos; él me dijo que si quería aprender periodismo me quedara con él y con su cuadrilla, como se refería a sus compañeros de viaje, en lugar de trabajar para el periódico. Y tenía razón". Fue Hemingway quien contrató a la que sería más tarde su nuera como secretaria para aquel verano, un estío lleno de fiestas junto a toreros y artistas en el que, sin embargo, encaró la fatal depresión y el deterioro que culminarían en el suicidio.

"Podía amar y odiar ferozmente, era a menudo tímido e inseguro en las situaciones sociales y a la vez realista e idealista", aseguró Valerie Hemingway, que definió también a su suegro como "insaciablemente curioso y disciplinado: para él, deber y placer eran ramas del mismo árbol". Hemingway recordó el "silencio sepulcral" con el que el novelista le respondió al citarle ella el nombre del escritor norteamericano Max Eastman, quien había publicado una reseña "horrible y muy dura" de Fiesta, tras lo que fue reprendida por Bill Davies, propietario de La Cónsula.

Pero también rememoró Valerie Hemingway la Málaga de 1959, la de los caminos polvorientos y "los camiones apestosos", apaciguada por La Cónsula, a la que el mismo escritor se refirió como uno de los lugares más hermosos que había visto: desde su balcón oteaba el mar por encima de los pinos. Un abrigo último, Málaga, antes del final que llegó de su propia mano.

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