El baile, arte de mestizaje

  • El primer volumen de la historia del baile flamenco de José Luis Navarro es una inmensa indagación documental en los precedentes históricos de esta disciplina

Este primer volumen de la historia del baile flamenco está dedicado a los precedentes, nacimiento y primeros pasos de la criatura. Uno de los hallazgos de la obra es dar una base documental a un tópico extendido en todas las historias del flamenco como es el de remontar la tradición bailaora andaluza a la Gades romana. Navarro no elude el tópico, sino que le proporciona argumentos y documentos y lo incluye en una cadena lógica de antecedentes, documentando así la existencia de una tradición bailaora vernácula desde los mismos albores de la civilización en Andalucía.

El libro estudia por tanto la prehistoria y primeros pasos del baile flamenco, rastreando sus orígenes en danzas africanas, americanas y autóctonas, y deteniéndose en el momento justo en el que nos encontramos ya con estilos flamencos definitivamente configurados e intérpretes como La Macarrona, La Malena, Estampío y Frasquillo. Navarro García recopila todas las noticias históricas que dan testimonio de bailes andaluces, esto es, ejecutados por andaluces o a la manera andaluza. De esta manera, da carta de naturaleza científica a aquellas intuiciones de los estudiosos aficionados del pasado que veían en los bailes de la hispanorromana Telethusa una premonición, bien que lejanísima, del baile flamenco. Navarro parte de estas primeras noticias del geógrafo Estrabón para elaborar una secuencia lógica y conectada de influencias que llega hasta La Macarrona y La Malena. Se precipitan así en sucesión ininterrumpida danzas hispanorromanas, árabes, barrocas, seguidillas, jácaras, americanas, zarabandas, chaconas; danzas cultas y populares, negras y blancas, nobles y descaradas, divinas y diabólicas, gitanas y payas, de escena y de calle, pudorosas e indecentes, fandangos, zorongos, boleros, polos, tiranas, guarachas, olés, jaleos, origen de algunos estilos flamencos, cuya primera noticia fidedigna fecha Navarro en 1815; tangos, que vendrían de América en 1830, dando origen a otra amplia región flamenca, aunque la primera noticia histórica del tango americano en España sigue siendo la aportada hace unos años por José Luis Ortiz Nuevo (Elregalo de Andalucía, 1849). Y los intérpretes, y también autores de danzas, que conquistaron al mundo desde este rincón: en este volumen desfilan ante el lector noticias sobre Catalina de Almoguera, La Jimena, Andrea la del Pescado, La Caramba, Dolores Serrall, Mariano Camprubí, La Perla y El Jerezano, ya en las primeras noticas preflamencas dadas por Estébanez Calderón.

Con Miracielos y La Campanera y su jaleo gitano ya casi podemos hablar de flamenco. El paso siguiente es la primera nómina de intérpretes flamencos conocidos: El Raspaó y Antonio El Pintor, a los que Navarro suma otros nombres menos conocidos como José García El Quisqui, El Zarcillero y Manuel Jiménez Fernández Mangoli, gaditano y hermano de Enrique El Mellizo.

La etapa siguiente es la del café cantante, cuando se produce la independencia del cante con respecto al baile y la ampliación del repertorio a tangos, peteneras, soleares con zapateado, introducido en este palo por La Cuenca, zapateados, garrotín y farruca y milongas, importadas de América por Pepa Oro. Nace la bata de cola, el mantón y el baile de brazos se complica, todo ello de la mano de La Mejorana, madre de Pastora Imperio.

Y las figuras del baile en el café, además de las mencionadas: La Carbonera, Lamparilla, Antonio de Bilbao, La Hija del Ciego, La Cuenca, El Estampío, Faíco, La Malena y La Macarrona. El libro se detiene, una vez testimoniados los bailes granadinos de las zambras, en los albores del ballet flamenco. Estas noticias de la última parte del libro no son por lo general novedosas. La novedad reside en la profusión documental de la época que las acompaña, procedentes de Felipe de Triana y de José Otero, pero sobre todo de revistas, periódicos y otros textos del periodo, y que le confieren marchamo de rigor.

La tesis de esta obra es que el baile andaluz en general y el flamenco en particular ha sido siempre una confluencia de culturas diversas y se ha alimentado en todo momento de los estilos de baile populares propios de cada época.

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