Tendrá que haber un camino

  • Atendiendo a este anticipo, parece que la nueva entrega en largo de Los Planetas, que llegará en febrero del próximo año, sigue los pasos de 'La leyenda del espacio'

Junto al valor intrínseco de su propio repertorio, al subjetivo caudal de emociones que acarreaba, el gran valor de La leyenda del espacio (2007) fue, como se apuntó entonces en esta misma página, su absoluta redefinición del canon de interactuación entre rock y flamenco; el acercamiento del primero al segundo desde una perspectiva contemporánea, desprovista de los tics pretéritos que aludían a encuentros habitualmente adjetivados bajo el ámparo de términos como fusión o progresivo.

En un impecable ejercicio de apropiacionismo, que sorprendió para bien o para mal a buena parte de sus seguidores de largo recorrido, Los Planetas asaltaron el arsenal jondo para usar las armas sustraídas de éste desde su trinchera.

No se trataba pues de fusionar nada, ni siquiera de contar con el empaque que adjudica la tutela, más o menos nominal, de un flamenco de altura -el Morente, partícipe testimonial, que había hecho ya algo similar, pero distinto, junto a Lagartija Nick en el celebrado Omega (1996)-, sino de reinterpretar modos y formas flamencas bajo un prisma ora psicodélico, ora pop, ora cercano al krautrock (piense en al apropiacionismo folclorista de Pony Bravo y trace singulares líneas coincidentes en cuanto al uso del sustrato popular en parte del mejor rock facturado hoy desde Andalucía).

Cuatro palos, anticipo del álbum que el grupo granadino editará el 2 de febrero del próximo año, persevera sin disimulos en la idea de mantener esa misma ruta que perfilaron canciones como los tientos de El canto del Bute o la caña de Tendrá que haber un camino. El objetivo, se antoja, es comprobar hasta dónde se puede llegar en esta aventura revitalizadora, desprovista ya del factor sorpresa, pero aún excitante en sus futuribles.

Para ello, no obstante, habrá que esperar hasta la edición de ese nuevo álbum, pues lo que Cuatro palos ofrece, bajo el pretexto de celebrar el centenario del cantaor sevillano Manolo Caracol (1909-1973), resulta una continuación evidente de lo ya postulado en La leyenda del espacio, aunque sin alcanzar, quizás, las cotas de sobrecogimiento que aquél sí provocaba.

Esto es, Romance de Juan de Osuna -con su más que evidente deje kraut-, No sale luz esta noche -la cuota psicodelizante-, Yo le estoy pidiendo a Dios -el peaje pop- y los Tarantos de Perico el Morato -la de guitarras más afiladas- funcionan bien como coda de La leyenda del espacio. Cabe preguntuarse entonces si también lo harán como introducción a su nueva y esperada entrega.

Los Planetas Sony BMG. Rock. CD-EP

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