música La influencia presente de una leyenda

La ceremonia del desorden: auge y vigencia de Joy Division

  • Peter Hook revisará en Málaga el 30 de marzo 'Unknown pleasures' y New Order anuncia una mirada a sus orígenes para su actuación en el FIB · El mito se abre paso.

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El 4 de mayo de 1979, Margaret Thatcher tomó posesión de su cargo como primera ministra del Reino Unido. Para entonces, el punk había escupido de sobra toda su rabia en virtud de la adopción de una postura que a tenor de los acontecimientos posteriores llegaría a parecer la de tiernos angelitos. Las cosas iban mal, pero inevitablemente lo peor aún estaba por llegar. Los 80 arderían en el fuego del desempleo, las revueltas sociales, derechos que parecían irrenunciables ahora barridos por el desagüe y hasta una guerra incomprensible contra un país lejano por el control de unas islas diminutas en el Atlántico Sur. Thatcher se mantuvo en su puesto con férrea determinación hasta 1990, dejando tras de sí un país extenuado y, en gran medida, aburrido. En abril de 1979, sólo unos días antes de la coronación de la Dama de Hierro, la banda de rock Joy Division grabó su disco de debut, Unknown pleasures, en los estudios Strawberry de Stockport, cerca de Manchester, ciudad de la que procedían sus cuatro miembros: Ian Curtis (voz), Bernard Sumner (guitarra y teclados), Peter Hook (bajo) y Stephen Morris (batería). Aquella joven formación procedía del punk, en el que había militado bajo el nombre de Warsaw, pero Unknown pleasures, que produjo Martin Hannet, contenía ya otra cosa. Nada menos que una respuesta anticipada al fuego. La ira resultaba ya inútil, así que la extraña voz de Curtis se despachaba en versos que hablaban del control perdido, del desorden íntimo, de la parafernalia del nazismo como signo de los tiempos, de la inutilidad de cada nuevo amanecer, de la demencia común y el fracaso cotidiano, como un catálogo que encerraba las facetas más oscuras del ser humano. Lo cierto es que esta poética contraria a toda esperanza resultaba ya mucho más ajustada al desastre que se avecinaba a la vuelta de la esquina. El tiempo dio la razón a Joy Division. Tanto, que su obra promete algunos de los episodios musicales más destacados a priori de este 2012.

El próximo 30 de marzo, Peter Hook presentará en el Auditorio de la Diputación de Málaga junto a su último proyecto, The Light, una revisión a modo de celebración de Unknown pleasures que figura como una de las propuestas más atractivas en lo que a música se refiere para la ciudad. Curiosamente, hace sólo unos días, New Order (la banda que formaron Hook, Sumner y Morris tras el suicidio de Ian Curtis, el 18 de mayo de 1980, y que se convirtió en referencia indiscutible dentro del panorama británico durante la década siguiente) anunció su participación en el Festival Internacional de Benicassim (FIB) el próximo mes de julio con un concierto en el que prestarán especial relevancia a su "legado oculto", con una mención expresa para Unknown pleasures. El mito, así, se abre camino a paso de gigante, lo que invita a la reflexión dado que ni New Order ni sus miembros en solitario se habían mostrado hasta ahora demasiado dispuestos a mirar a sus orígenes.

A pesar de que su discografía oficial incluye sólo dos álbumes (el segundo, Closer, apareció de manera póstuma en 1980 tras la muerte de Curtis) además del sencillo que consignó el mayor éxito comercial del grupo, Love will tear us apart, Joy Division ha ejercido una influencia de tal calibre que sólo pueden compararse a ella luminarias como The Velvet Underground. The Cure, sin ir más lejos, publicó también su álbum de debut en 1979, pero el magisterio de Unknown pleasures resultó fundamental en discos inmediatamente posteriores como Faith y Pornography, adalides de una corriente afterpunk que reivindicaba a Ian Curtis como gran inspirador. También Bono de U2 admitió siempre su admiración por Joy Division, y más recientemente Moby y hasta John Frusciante, de Red Hot Chili Peppers. En España, basta citar a Radio Futura como primer importador de su sonido, especialmente en lo que toca a Luis Auserón, que en solitario ha rematado alguna versión de los de Manchester. Pero quizá el verdadero motivo de este revival resida en que aquella poética epiléptica y crítica describe con misterioso acierto la desazón del presente. Una canción como Disorder suena hoy con más propiedad que en los 90. Así que cierto, el mito está servido: I've been waiting for a guide to come and take me by the hand...

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