La obra completa de Javier Egea recupera a un poeta comprometido y maldito

  • Bartleby Editores y la Fundación Malagón editan este necesario volumen del escritor granadino, clave en la poesía de los 80

Poeta, por encima de todo, en la vida y en la obra, el granadino Javier Egea, fallecido en 1999, y uno de los últimos "románticos de lo cotidiano", acaba de salir del silencio en el que su obra ha estado durante años, gracias a la aparición del primer tomo de sus Obras completas con toda su poesía publicada. Bartleby Editores y la Fundación Malagón son los responsables de sacar a la calle este necesario volumen con prólogo de Manuel Rico y con la edición de José Luis Alcantará y Juan Antonio Hernández García.

Se salda así una deuda con uno de los poetas más importantes de los años ochenta, creadores del movimiento La otra sentimentalidad, junto con Luis García Montero y Álvaro Salvador, que luego sería la poesía de la experiencia. Este volumen "no solo cumple con el objetivo de saldar una deuda con su aportación a la poesía española de finales del siglo XX, sino que contribuye a corregir una gravísima irregularidad de nuestra historia poética, a saldar una deuda colectiva y a conjurar un silencio inexplicable. Un silencio contra el que nació, creció y maduró a pesar de todo el poeta Javier Egea", escribe Rico en el prólogo del libro.

Javier Egea nació en Granada en 1952 y formó parte de toda la geografía cultural, emocional y sentimental de la ciudad hasta que se quitó la vida en 1999. Bohemio, rebelde y muy comprometido ideológicamente, Egea tenía una de las mejores miradas para ver en el vertedero las flores antes que la basura, como recuerda el poeta Alfonso Salazar, uno de sus seguidores, junto con otros jóvenes creadores, con los que Egea se relacionaba en sus múltiples recitales. Estos jóvenes amigos granadinos tras las muerte del poeta fundaron la asociación Del diente de oro, nombre de uno de los últimos sonetos de Egea, que escribió en los noventa.

Rafael Alberti fue uno de los grandes admiradores de Egea. Le llamaba arcipreste, porque según el escritor Pérez Zúñiga, éste tenía algo de juglar urbano. "Con su poesía trataba de acercarse a la emoción, pero desde un punto de vista político", matiza. Zúñiga también recuerda, desde "una profunda admiración" uno de los consejos que les daba: "Vivir mucho, experimentar, emborracharte, leer, conocer...".

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