Los cotilleos y el falso brillo del Sargento

  • Global Rhythm publica 'Vida y milagros de Sgt. Pepper's', un libro desmitificador

Que Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (Parlophone / EMI, 1967) es la obra cumbre de The Beatles y el disco de pop más influyente de todos los tiempos es una verdad inamovible para muchos. Pero no para todos. Clinton Heylin parece ser de los que cree que no existe verdad incuestionable. Curiosamente, Heylin ha escrito Vida y milagros de Sgt. Pepper's. Un disco para una época (Global rhythm, 2007), obra de profusa y exhaustiva documentación sobre la gestación de este disco, que no es sólo un repaso a las decisiones de los Fab Four, sino el retrato minucioso un tiempo y (casi) todos sus protagonistas.

A Heylin no le gusta mucho Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, detalle que no le ha impedido despachar más de 300 entretenidas e irónicas páginas sobre el disco. Heylin se declara fan del Manchester United en el prólogo y se describe a sí mismo como "un niño de los sesenta"; pero para el inglés es más importante, en su vida, 1977 que 1967. El escritor es honesto y escribe como lo que es: un observador lejano sin emociones en juego. No hay nostalgia de los seminales 60 en estas páginas; y es mejor así.

Para explicar Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band y su trascendencia, Heylin da voz a todo el que tuvo algo que decir en aquellos días: Dylan, Hollies, Byrds, Pink Floyd y Beach Boys. De hecho, además de explicar todo sobre el Sargento Pimienta, aquí estás casi todo sobre Blonde on blonde, Pet Sounds, Smile y Piper at the gates of dawn, entre otros.

Entre decenas de anécdotas, numerosas citas textuales y cientos de datos, Heilyn llega a abrumar en su relato policial, pero la lectura de este libro es una fuente inagotable de diversión. Casi nadie sale bien parado, como retrato de un tiempo y unas personas, este Vida y milagros de Sgt. Peppers. Un disco para una época es muy poco amable. Es algo no muy habitual, cuando tantos libros que nos llegan sobre el pop de los 60 casi parecen hagiografías.

Lo que no puede negar ni el propio Heilyn, y quizá le gustaría, es la trascendencia real de este disco. Sí, es una obra de psicodelia de diseño, de esfuerzos casi ridículos por lograr trucos de sonido rocambolescos, de canciones a medio componer y de un exceso de complacencia y adulación; pero The Beatles crearon un modelo que no ha dejado de ser imitado, tanto en sus días como cuarenta años después -¿cuántas veces se ha dicho "este es el Sgt. Peppers de menganito?-. Es un trabajo magnético, aunque no perfecto. Algunos creímos en nuestra niñez de melómanos pop que este álbum era algo así como la medida de todas las cosas. Y no lo es, ahora lo sabemos. Pero qué buena historia tiene detrás, ¿no? Aquí está bien contada.

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