"La cultura visual cambia; la ansiedad es la misma"

  • El considerado padre de la teoría de la imagen contemporánea disertó ayer en el Museo Picasso sobre el poder en lo icónico y lo textual

Sentarse a hablar sobre cultura visual con William J. T. Mitchell (1942) es como discutir con Ferran Adrià sobre las virtudes del huevo. Profesor de Historia del Arte en la Universidad de Chicago, editor del Critical Inquiry y autor de obras esenciales como Iconology (1986), Picture theory (1994) y What do pictures want? (2005), en las que aplica la filosofía de Marx y Freud al conocimiento e interpretación de las imágenes, Mitchell es considerado el padre de la teoría contemporánea de la imagen. Ayer pronunció en el Museo Picasso la conferencia de clausura del primer Congreso Internacional de Teoría y Literatura Artística en España, organizado por la Universidad de Málaga. Pero antes atendió a Málaga Hoy para esbozar algunas de las líneas maestras de su pensamiento, lo que constituye un privilegio a estas alturas.

Ante todo, frente al discurso habitual en torno al poder de la imagen en el presente como signo del mismo, Mitchell afirmó que el ser humano "siempre ha vivido en una cultura visual, porque siempre ha sido consciente del poder que pueden ejercer las imágenes, y esto ha condicionado su existencia desde antiguo. No es un fenómeno actual. Ya la Biblia prohibía la representación en imágenes, lo que refleja que la ansiedad del hombre por controlar lo icónico es tan antigua como el mismo hombre". No obstante, esto no significa "que la cultura visual sea siempre igual. El control que ejerce es muy diferente en cada época. Hoy, a través de la televisión y de internet, circulan muchas más imágenes, a una mayor velocidad y también con un consumo mayor. Pero la ansiedad es la misma". Y la cuestión sobre el poder que le atañe, la misma que se hizo Walter Benjamin, también lo es.

Pero cabe preguntarse, respecto a la época actual, si la mayor cantidad de imágenes se traduce en una mayor vulnerabilidad de quienes vivimos expuestos a ellas. ¿Es el hombre del siglo XX más susceptible de ser controlado por la influencia de más imágenes en su retina? Mitchell responde a su gusto, en clave dialéctica: "Sí y no. No, porque a mayor proliferación, el poder de control en términos generales desciende. Es algo parecido a lo que ocurre con la inflación, tenemos más billetes pero éstos tienen menos valor. Y esto ocurre, esencialmente, porque el hombre es una especie que se adapta bien a cualquier circunstancia. Sabe fabricarse los caparazones idóneos. Pero por otra parte sí, en la medida en que hay imágenes que impactan de manera especial. Un ejemplo evidente son las imágenes de los atentados del 11S: el lugar en el que ocurrió la tragedia era bastante conocido pero su importancia, excepto para quienes quisieron destruirlo, era en realidad relativa. Hasta que las imágenes del ataque lo convirtieron en un símbolo y, sobre todo, en una excusa para la invasión de Iraq, por más que se supiera que todo lo de las armas de destrucción masiva era mentira".

Pero en su conferencia de ayer Mitchell analizó la relación entre palabra e imagen, así que correspondía preguntarle por el modo en que la segunda ha venido a ocupar el espacio sagrado que desde la antigua Grecia había quedado reservado a la primera, en una sociedad precisamente desacralizada: "La palabra es aún importante, en parte porque está muy relacionada con la imagen. Si alguien da su palabra a modo de juramento, eso sigue teniendo un valor. Y esto se debe, en gran medida, a la transición que sufrió en su codificación a la escritura, lo que puede considerarse una revolución crítica. Muchos siglos después, acontecimientos como la Revolución Francesa y la primera Constitución de EEUU concedieron un valor supremo a la palabra escrita al recoger en sus textos los derechos del hombre. La palabra permite además jugar con su sentido real y su sentido metafórico. Un ejemplo claro es lo que en EEUU se vino a llamar tras el 11S Guerra contra el terror. Al principio todos interpretamos esta expresión de manera metafórica, igual que la Guerra contra la pobreza: estaba claro que nadie iba a fusilar a los pobres cuando se dijo aquello. Pero no, resultó que la Guerra contra el terror era una expresión literal". Y cómo.

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