No dejar nada al azar

Hay veces que uno se va del cine con la sensación de que le han contado demasiadas cosas. Que tal vez el exceso de información suministrado por el director del filme ha cercenado la posibilidad de extraer conclusiones propias, porque el director se ha encargado de sacar el rotulador rojo y subrayar su tesis una y otra vez, no vaya a ser que nos distraigamos. Tal vez ese es el gran pecado de 3:19, porque en una película con una idea central tan clara (el azar como factor determinante de la vida), las redundancias sobran.

Y es que en una historia tan emotiva y con un reparto tan solvente (sensacionales Félix Gómez y Bárbara Goenaga, y más que correcto el televisivo chico de moda Miguel Ángel Silvestre), quizás no era necesario tanto diálogo explicativo.

Saadia estructura su película en dos partes diferenciadas aunque inercaladas: la interpretada por los actores, primero, y después unas secuencias de animación donde el director establece un paralelismo entre las peripecias del personaje interpretado por Silvestre y la vida del matemático Évariste Galois (1811-1832), cuya existencia estuvo también marcada por la fatalidad y las casualidades. Una apuesta arriesgada que no deja de tener cierto interés, al menos por su originalidad en nuestra cinematografía. Pero quizás si Saadia se hubiera centrado en una de estas dos historias, el resultado final habría sido otro.

Puede que, para realizar unas películas de estas características, la mejor solución no es la que ha empleado Saadia, totalmente opuesta a su planteamiento. Porque, desgraciadamente, el director no ha dejado que nada escape al azar.

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