Las muy diversas coordenadas del yo

Cuenta esta Ruinas y ciudades con el arma de doble filo de la multidisciplinariedad de sus piezas. De un lado, puede devenir ecléctica e incluso e indefinida; tanto que pudiéramos rescatar la imagen que creó Hal Foster, el "artista como etnógrafo", para caracterizar ciertas prácticas multidisciplinares que sondeaban o saltaban de debate en debate sin común denominador entre ellas y bajo el pluralismo como único marchamo. Sin embargo, y de otro lado, cada una de las piezas -tan distintas entre sí- han de ser entendidas como coordenadas biográficas, al tiempo que, por paradójico que parezca, desestructura la representación o, cuanto menos, la redimensiona y fragmenta, ya que el peruano Alberto Borea no cesa de auto-representarse en ellas, tanto metafórica como literalmente: sus orígenes; los debates identitarios de diferente grado (entre pasado pre-colonial y presente poscolonial tanto como periferia y centro-hegemónico o tradición cultural-local y modos-lenguajes universales); su periplo como artista tomando como pretexto imágenes aéreas de las ciudades en las que expone; así como testimonios gráficos (serigrafías y vídeo) de las experiencias propias y pulsiones -una práctica de la acción- que le llevan en la serie Maneras de caerme a fundirse con el entorno donde se encuentra por distintas razones de pertenencia, empatía o placer, suerte de mimetismo o psicastenia tal como la describió Roger Caillois (Mimetismo y psicastenia legendaria, 1935).

Sea como fuere, esta "instalación de instalaciones" o "mapa total autobiogáfico", atiende certeramente al debate del territorio y la tradición, jugando con la fisonomía y los hitos urbanos, como origen de la identidad, así como manifiesta la complejidad del desarrollo de la misma debido a las dicotomías tradición/progreso, local/global y periferia/centro.

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