firmado: mister j.

La diversión sin límites

  • Laura y Felipe Hernández Cava describen en 'Sará Servito' una Venecia que se hunde: un mundo que agoniza, una sociedad decadente, fascinada con el relumbrón y el oropel

Hablar de Hernández Cava o de Laura es hablar de la gran historieta española, construida desde los alrededores de la Transición, al margen de modas y mercados, por francotiradores como ellos. Esa historieta a la que hago referencia nace de las ruinas de la poderosa producción nacional del franquismo, cargada de héroes serios y paródicos, los capitanes trueno y mortadelos, los cachorros y anacletos, que fueron casi todos barridos de la mesa por los vientos de la modernización, esto es, por la llegada en tropel de Estados Unidos, Europa y el mundo -léase Japón- a nuestra pequeña península. Y es así como se ha desarrollado el gran tebeo, con el público ausente, pero en busca de su propia audiencia: un lector exigente, inconformista y -no diré inteligente porque inteligentes somos todos- lúcido, avispado.

Lo llamo gran tebeo y es en realidad plural, un microcosmos de nombres y obras, singulares unos y sobresalientes las otras. Véase por ejemplo este Sará Servito, "será servido", de los citados Laura y Hernández Cava, editado por De Ponent. Tres líneas de fuga, tres indicadores -una dibujante, un escritor, una editorial- que señalan las rutas a aguas nuevas y no menos gozosas. Seguramente usted ya ha transitado por ellas y no necesita mi aviso, o igual no lo ha hecho aún y le queda todo eso que disfrutar. Sea como sea, he aquí está fabulosa novela gráfica, esta nueva luminaria, con la que les invito a deleitarse.

"Venecia se hunde" escribe Hernández Cava en la contraportada de Sará Servito -y quién mejor que el propio autor para resumir su obra-, "pero no por efecto de las aguas, que siguen haciendo su lenta y calculada labor de desgaste, sino por la decadencia y la corrupción en las que han entrado sus ciudadanos. Marina, la protagonista, es una mujer que pinta delicados paisajes de la Serenísima durante el día y que se convierte en cortesana durante la noche, en connivencia con Ugo, un gondolero que le proporciona los clientes. ¿Qué puede llevar a una muchacha, que ni estima ni necesita el dinero que recibe a cambio de esos servicios a prostituirse? ¿Por qué se autoimpone esa conducta como una forma de castigo, acompasándola al derrumbe de esa sociedad amoral, en la que todo, menos la libertad de pensamiento, parece permitido?". Conforme avanza el argumento, Marina se ve forzada a matar a uno de sus clientes para salvar su vida y se desencadena un misterio que continúa con el asesinato de Ugo. Luego, la muerte del gondolero empuja a la protagonista a la búsqueda del asesino por una Venecia de máscaras infinitas, en las que nada, excepto la podredumbre, es lo que parece.

El tema del libro sobrepasa su argumento y, siguiendo a Cava, lo que tenemos aquí es la descripción de un mundo que agoniza, de una sociedad decadente, similar a la nuestra, fascinada con el relumbrón y el oropel, que se da al adictivo y embriagador placer de una pantomima interminable. Esto en lo que respecta a la anécdota, todo lo demás es el arte inmenso, hermosísimo, de Laura en estado de gracia, que da forma y vida, línea y color, a una Venecia de diversión sin límites, con sus calles corroídas, sus enmohecidos interiores y sus melancólicos habitantes. Como les decía, hablar de Laura o de Hernández Cava es hablar de la gran historieta española.

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