La elegancia personificada

'Flamenco en el Picasso'. Lugar: Auditorio del Museo Picasso; Fecha: 12 de febrero de 2010. Conferencia: Marta Carrasco; Baile: Luisa Palicio

El pasado viernes continuó el ciclo Flamenco en el Picasso, esta vez deteniéndose en el baile. Para ello, la parte teórica contó con la conferencia de Marta Carrasco, crítica e historiadora de la danza. Su ponencia fue breve, y a pesar de ser anunciada como un estudio sobre la relación de las vanguardias artísticas y el baile flamenco, el contenido consistió más en un anecdotario y un aluvión de ejemplos que solo esbozaron el tema sin llegar a analizarlo en profundidad. Sin embargo, expuso de forma sencilla y clara la historia de la Escuela Sevillana de Baile Flamenco, dato clave para entender y apreciar la importancia del baile de Luisa Palicio en toda su dimensión histórico-artística.

Palicio, por su parte, ilustró a la perfección la conferencia, primero en una pieza de baile clásico español, como es la Tirana de Albéniz, en la que pudimos apreciar un estilo preflamenco en el que las formas son estilizadas y de una sensualidad contenida. Después, una vez acabada la conferencia, nos bailó dos palos absolutamente representativos de la Escuela Sevillana, como son la caña y las alegrías, por supuesto, como es preceptivo en dicha escuela, con su bata de cola y su mantón. No en vano, Luisa es actualmente una de las mejores depositarias del legado de la Escuela Sevillana de baile flamenco.

No es la primera vez que quien esto escribe la ha visto bailar y ha tenido que enjuiciar su arte, lo que cada vez obliga a buscar nuevos adjetivos en el diccionario para evitar repetir los ya utilizados. Si la Escuela Sevillana se caracteriza por la elegancia en las formas, Luisa encarna la elegancia misma. Los suaves contoneos de caderas, el quiebro del talle y la pose de brazos y cabeza son siempre perfectos, en consonancia con este estilo en el que la feminidad es santo y seña. Los desplantes y los gestos que denotan poderío y dominio sobre la difícil bata de cola y el pesado mantón son absolutamente sublimes, levantando al público de sus asientos y haciendo brotar el ole de las gargantas semi-enmudecidas por la emoción. Al mismo tiempo, la técnica está tan asumida que apenas se hace notar, tal es la fluidez con la que se van sucediendo los pasos de baile.

En la caña Luisa estuvo a la altura de los más grandes nombres de la historia del baile flamenco, sin embargo, en las alegrías, sin menoscabo de lo dicho antes, se apreciaron unos leves desajustes achacables a la falta de coordinación puntual entre cantaor, guitarrista y bailaora. El cantaor, Manuel Romero, alumno de la fundación Christina Heeren, goza de unas excelentes facultades que dejó bien patentes en una afinadísima malagueña de Chacón, pero se atisba en él una falta de experiencia que quizá fue el desencadenante de esos pequeños detalles que hicieron que las alegrías no estuvieran a la altura de otras veces.

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