'Entre enaguas', una vuelta a la esencia de la mano de La Tobala

  • La cantaora dedica su nuevo disco, la grabación de un concierto celebrado el pasado otoño, a "las mujeres por las que aprendí a amar el flamenco"

Juana Salazar, La Tobala, mira atrás en su nuevo disco, Entre enaguas (La Voz del Flamenco),y con su voz privilegiada dedica un homenaje "a esas mujeres que me enseñaron, como mi madre, mi abuela o mis tías, que me recogían en sus enaguas y por las que aprendí a amar el flamenco". En su último trabajo, la cantaora sevillana va desgranando los sonidos de su memoria -unos tangos extremeños, unos fandangos de Huelva, una soleá de Alcalá o unos tientos- para recordar la relevancia que en su educación sentimental tuvieron esas personas anónimas. "Yo no tenía familia directa que se dedicara profesionalmente al flamenco, pero en las casas de los gitanos andaluces se vivía mucho, todas las celebraciones se cantaba y se bailaba, y yo, de pequeña, con mis primas, jugaba a que éramos artistas, que éramos la familia Montoya, porque era la época en que Lole y Manuel triunfaban", recuerda la intérprete, que dedica también su álbum a "todas las mujeres que a lo largo de la historia han cantado y que son fuentes de las que he bebido, empezando por Pastora Pavón, La Niña de los Peines, Bernarda y Fernanda de Utrera, La Paquera de Jerez...", enumera.

Entre enaguas es, en realidad, la grabación del espectáculo que La Tobala y el guitarrista Pedro Sierra estrenaron el pasado mes de noviembre en el Teatro Central de Sevilla. "El flamenco es algo muy racial, muy del momento, es muy difícil que una grabación capte eso si se hace en un estudio. El flamenco es más fresco, más vivo, más real en un concierto", asegura Salazar, que no escatima elogios para su compañero Pedro Sierra. "Para mí, es el mejor, pero, claro, yo hablo desde los lazos que me unen. Es muy aficionado al cante, es versátil porque acompaña y los cantaores están muy a gusto con él, y además es un músico muy completo: toca, compone, produce, hace músicas para Cristina Hoyos o el Ballet Andaluz...", valora. Con él, y con un elenco en el que también participaban el coreógrafo Rubén Olmo [con quien ha coincidido en su última etapa como director del Ballet Flamenco de Andalucía], el percusionista David Chupete, el cantaor José Ángel Carmona o el pianista Alberto Miras, fue gestando un proyecto que cogió un camino inesperado cuando empezó a tomar forma. "Al principio pensamos solo en un espectáculo, pero este resumía tan bien lo que yo quería expresar que, después de muchos ensayos, decidimos grabarlo. Tenía tantas ganas de hacerlo que no sentí nervios porque me grababan...", confía esta mujer que, desde sus comienzos en el tablao Los Gallos, ha sido celebrada por su poderosa personalidad y ha arropado con su cante a grandes como Farruco, Javier Barón o Israel Galván.

En su conversación, La Tobala apunta sentimientos agridulces: manifiesta su pesar por cómo han cambiado las tornas en el mercado discográfico - "antes se vendía, hoy sacar un álbum es un capricho, un lujo. Y, aunque una tenga una trayectoria, un disco es como un recordatorio, como decir: Eh, que sigo aquí"-, pero la cantaora se sabe ahora en la plenitud de facultades, orgullosa del camino recorrido. "Se me reconoce por mí misma, no por el padre que tengo ni por la familia a la que pertenezco. La Tobala es única, mejor o peor, pero no hay otra como yo", sentencia. Y en Entre enaguas, continúa, Salazar celebra el flamenco sin más, sin pagar peajes ni hacer concesiones. "Cada disco forma parte de un momento. Cuando eres joven quieres indagar en cosas más modernas, también las compañías quieren promocionarte y piensan que tienes que abrirte y no limitarte al flamenco, para que las emisoras te saquen. Te condicionan, pero llega un momento en el que quieres tu libertad. Cuando eres mayor, tienes una personalidad más madura, haces lo que te apetece, discos como Lenguaje puro o Entre enaguas, que es donde me siento más como soy, donde La Tobala hace más lo que quiere".

En su selección, no obstante, la cantaora ha incluido dos temas inesperados a priori: En un rincón del alma, de Alberto Cortez, y Gracias a la vida, de Violeta Parra. "No debería sorprender: los grandes artistas siempre han hecho sus versiones de otras canciones. Con Violeta Parra es que quería darle las gracias a la vida por todas las cosas buenas que me han pasado. Y la canción de Alberto Cortez la elegí porque la letra es fantástica, hoy hay carencia de letras tan grandes", explica la sevillana, que hace unos días presentó su nuevo álbum en la sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), en Madrid. "Yo me siento cómoda cantando por soleás, que es algo que yo he cantado de siempre y estoy familiarizada, pero he descubierto que podía ir más allá, porque yo en casa canto cualquier cosa, y fue idea de Pedro que me lo tomara en serio y lo hiciera, decía que sonaba muy bien. Así que nos lo preparamos para llevarlo al escenario. Cuando uno está bien, se siente cómodo en cualquier estilo".

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