Francisco Ruiz Noguera. Poeta

"Hasta en la escritura más irracional la razón participa en el proceso de montaje"

  • El director de la cátedra María Zambrano de la UMA es el ganador del Premio Internacional de Poesía Generación del 27 con su último libro, 'La gruta y la luz', que publicará Visor

La entrevista incluye una visita imprevista a la librería Áncora, en la Plaza de Uncibay, la misma a la que acudía Francisco Ruiz Noguera (Frigiliana, 1951) a nutrirse mientras estudiaba Filosofía y Letras en el antiguo Colegio San Agustín. Catedrático de Lengua y Literatura Española y director de la cátedra María Zambrano recientemente instituida en la Universidad de Málaga, Ruiz Noguera atesora una trayectoria con una veintena de títulos y premios internacionales como el Antonio Machado y el Juan Ramón Jiménez, a los que se une ahora el Generación del 27 por La gruta y la luz, que publicará el año que viene Visor. Su conversación, en la mejor tradición socrática, es, al igual que su obra, precisa e iluminadora

-El título La gruta y la luz promete una enjundia platónica. ¿La da?

-Sí. En un libro anterior mío, El año de los ceros, hay ya un poema que tiene que ver con el mito de la caverna. Este libro nuevo también lo aborda, pero va más por lo barroco, por el contraste.

-¿Vuelve a encabezarlo, entonces, el verso de Góngora "A batalla de amor, campo de pluma"?

-Sí, me encanta ese verso desde siempre, desde el principio, cuando ni siquiera sabía que esa misma línea había encandilado a los simbolistas franceses y a Caballero Bonald. Me gusta mucho por lo que tiene de misterioso, de inspirador, pero mucho más desde que conocí toda la carga metapoética que imprimieron en él los simbolistas. Este año, para colmo, se cumple el cuarto centenario de las Soledades de Góngora, y éste es el último verso de la primera Soledad, así que casi es también una celebración gongorina.

-Entre la luz y la oscuridad, ¿qué alumbra el libro?

-Es barroco y gongorino en su estructura, pero no en su lenguaje. En él se da un contraste entre el misterio y lo conocido o lo aparentemente conocido. El libro lleva, además del verso de Góngora, una cita de Roberto Juarroz: "Un misterio cuyo mayor misterio sea la claridad". Y por ahí va la cosa, por la zona oscura de búsqueda que hay en toda creación artística y en lo cotidiano, y por el seguimiento de un camino posible hacia la luz. La primera parte se titula La gruta y la luz, y ya establece ese contraste; la segunda, La mirada del paseante, contiene unos poemas en prosa con un recorrido por las maneras en que una ciudad puede suministrar imágenes para una hipotética galería de arte urbano; la tercera parte se titula Celebraciones y busca aquello del "asidero plástico" que decía Cernuda, con miradas a cuadros como el Inocencio X de Velázquez comparado con el Inocencio X de Francis Bacon, o la serie sobre ángeles de Ginés Liébana, que se consideraba a sí mismo "de profesión, activo" y "buscador de la belleza"; y hay una cuarta parte formada por un sólo poema, al igual que en mis dos libros anteriores, que se titula Límite 3 como continuación de los mismos y que presenta una reflexión metaliteraria y metalingüística al amparo de Wittgenstein.

-Esa mirada al contraste, a la imagen y a las ciudades recuerda mucho al surrealismo. ¿Reconoce algún vínculo?

-Creo que no. Es cierto que la imagen como detonante del lenguaje es algo clave en el surrealismo, pero como dicción mi obra no se acerca a eso. Eso sí, las imágenes son muy importantes, tanto las plásticas y visuales como las verbales. Eso me ha acompañado siempre. Recuerdo especialmente un cuaderno al que titulé Laberinto en el que profundizaba en el ritmo como posible generador de imágenes. Al final cada escritor tiene sus maneras, aunque no siempre se puedan explicar. Pero creo que incluso en la escritura más irracional, que no es la mía, lo racional termina de alguna manera participando en el proceso de montaje. No todo es tan gratuito.

-¿La imagen tiene siempre las de ganar ante la palabra, dado que no necesita interpretación?

-En eso tienes razón. La palabra rara vez es inocente. Pero no sabría decirte qué predomina sobre qué. Al final, la resolución verbal es una imagen, y la imagen verbal puede ser muy potente. Ahí está la gran poesía. La grandeza de Góngora se demuestra en el poderío de sus imágenes verbales, que huyen constantemente de cualquier interpretación lógica evidente. Lo que sí creo es que es más difícil llegar a esa imagen de gran potencia a través de la palabra.

-¿Puede considerarse una declaración de intenciones que la UMA haya puesto a un poeta a dirigir la cátedra María Zambrano?

-Así es. De hecho, lo que la Universidad quiere es potenciar el vínculo de María Zambrano con la literatura y las artes, que es muy potente. En su época más activa, Zambrano pasaba más tiempo con poetas que con filósofos. Su obra no es un sistema filosófico cerrado, en la línea de Ortega o de la filosofía alemana, sino que propone una visión fragmentaria de realidades muy distintas, como la poesía o el arte. Por eso Zambrano despierta tanto interés, más en países como Italia que aquí. Su propuesta de la realidad es siempre muy abierta. Por eso, en Vélez-Málaga su gran amigo fue el poeta y pintor Joaquín Lobato.

-Y José Ángel Valente fue para ella un apoyo esencial en sus años más difíciles...

-Claro. La deriva poética siempre está presente en su trayectoria. Como en Cuba, con el grupo de Lezama Lima y la revista Orígenes. Incluso escribe obras filosóficas a través de la literatura de Galdós, Emilio Prados y Cernuda.

-¿Y qué podemos hacer para que María Zambrano interese aquí tanto como en Italia y en Cuba? ¿Poner su imagen en tazas y souvenirs, como con Picasso?

-Bueno, ya está la estación. Sí, el desconocimiento que se tiene de su obra es terrible. Incluso entre alumnos de la Universidad. Ahora queremos abordar una función pedagógica, con altura de miras. Mi idea es organizar diversas jornadas que permitan relacionar a María Zambrano con el arte, la literatura, la poesía, la historia... y que se celebren durante varios años, de manera consecutiva, con la colaboración de distintos departamentos universitarios. Creo que nunca se ha abordado la obra de María Zambrano de esta manera. Pero, claro, todo dependerá del presupuesto con el que contemos.

-Igual invierte el Gobierno el dinero que ahorre con Erasmus.

-Lo de las becas Erasmus lo vivimos el martes como un caos, y de haberse mantenido la supresión para este año la decisión habría tenido consecuencias tremebundas. Pero la situación de la Universidad es muy delicada económicamente también en otros ámbitos. Ahora estamos viviendo el final de la implantación del Plan Bolonia sin la dotación económica que exige; no sólo eso, incluso con reducciones drásticas del personal, cuando el plan necesita grupos de alumnos más reducidos. La implantación no se está haciendo de manera real, pero es imposible con estas condiciones. Y esto debe saberse.

-Usted que conoce bien y promociona a los jóvenes poetas malagueños, ¿ve muchas diferencias entre la poesía que escriben quienes hoy tienen 20 años y la que escribía usted a esa edad?

-Es curioso, pero los autores más jóvenes tienden a hacer una poesía tremendamente culturalista: su obra está llena de referencias al cine, la música, el cómic y todo su mundo. Imagino que yo también hacía una poesía culturalista con 20 años, aunque, claro, mi mundo era otro. Hay mucho talento en los jóvenes. Y eso me deja tranquilo.

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