Marcos Eymar. Escritor

"Quizá la frontera también pueda ser una patria"

  • El madrileño publica en Siruela 'Hendaya', la obra con la que ganó el premio Vargas Llosa, una historia en dos tiempos, dos ciudades y dos lenguas

Narrador, ensayista y traductr, Marcos Eymar (Madrid, 1979) ganó el XVI Premio Vargas Llosa de novela con Hendaya, publicada por la editorial Siruela. Entre sus obras destaca también el libro de relatos Objetos encontrados. Desde hace más de una década vive en Francia.

-¿Cómo surgió la historia de Hendaya?

-Surge, como casi todos los libros, de una mezcla de experiencia e imaginación. Creo que era Nabokov quien decía que toda ficción es una autobiografía y toda autobiografía, ficción. Por un lado el personaje de Jacques Munoz, el protagonista de la novela, es muy distinto a mí, o a cualquier otra persona con la que yo me haya encontrado. Por otra parte, durante una época, yo también cogía a menudo el tren de noche Francisco de Goya entre París y Madrid y allí tuve la ocasión de hablar con muchos emigrantes españoles de la posguerra que me contaron historias que se encuentran, transformadas, en la novela. Yo mismo, a lo largo de mis doce años de vida en Francia me he planteado muchas veces dudas existenciales (¡y gramaticales!) como las que atormentan al protagonista: ¿quién soy? ¿Soy más español o francés? ¿Voy a perder mi lengua materna?

-¿Qué papel representa el concepto de frontera en la obra?

-La frontera es algo muy misterioso. Recuerdo que, de niño, la primera vez que atravesé una frontera en coche me sentí muy decepcionado, porque era mucho menos impresionante de lo que pensaba. Como dice el personaje de María José en la novela: "Las fronteras no se ven y mejor, porque si se vieran sería algo muy feo". Y, sin embargo, esa abstracción, esas líneas invisibles han marcado el destino de millones de personas. La frontera no es sólo física, sino también lingüística, social, cultural. Jacques Munoz es alguien profundamente dividido interiormente por esa frontera. "¿Cómo cruzar una frontera cuando uno la lleva dentro", dice el epígrafe que abre la novela. Jacques Munoz va a intentar atravesarla desesperadamente, antes de darse cuenta de que quizás la frontera también pueda ser una patria, un lugar que habitar.

-¿Cómo cambia su enfoque de escritor a la hora de afrontar el relato o la novela?

-Jorge Harmodio, uno de los escritores que frecuentó el taller de narrativa en París en el que participo desde hace años, escribió una novela donde jugaba con la idea de que el cuento es un amante y la novela, un cónyuge. Creo que tiene razón. La escritura de un cuento es un proceso relativamente breve, intenso, apasionado. La de una novela tiene los altibajos propios de toda convivencia larga, con instantes de éxtasis y otros de rutina. Sin embargo, creo que en Hendaya se percibe que soy también un escritor de cuentos. Es una novela más bien breve, concentrada, donde hay pocas digresiones, un número reducido de personajes y donde cada elemento tiene su razón de ser.

-¿Cómo ve la narrativa española actual?

-Es muy difícil juzgar el presente, falta perspectiva. A primera vista parece muy variada y dinámica, con escritores estimables tan distintos entre sí como Enrique Vila-Matas, Javier Marías o Agustín Fernández Mallo. Seguramente a unos siglos de distancia parecerá tan homogénea como el Barroco o el Romanticismo. Desde la ceguera del contemporáneo diría que hay muchos autores cultos, ingeniosos, con talento (clase media y media alta), quizás más que en ningún periodo anterior. Lo que no veo es ningún genio (aristocracia).

-¿Qué imagen se tiene en Francia de la cultura y la literatura españolas?

-Francia y España son dos países muy cercanos, con muchísimos vínculos a todos los niveles, y, aún así, sigue habiendo bastante ignorancia mutua. En Francia el español es, con mucho, la segunda lengua más estudiada después del inglés y hay una minoría de hispanistas e hispanófilos que conoce perfectamente la sociedad y la cultura españolas. Los principales escritores españoles están traducidos al francés. Y, sin embargo, para una mayoría, incluso en el mundo de la cultura, los tópicos siguen vigentes, como prueban dos exitosas novelas francesas recientes de tema español: Elcorazón cosido de Carole Martínez y No llorar de Lydie Salvayre.

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