José María Pou. Actor

"Aquí sólo se habla de mecenazgo para que las empresas paguen menos impuestos"

  • Este pilar esencial del teatro español estrenó anoche en Barcelona 'El tipo de la tumba de al lado', con Antonio Molero y Maribel Verdú, mientras que el día 24 llegará a Málaga su montaje 'Concha. Yo sólo quiero bailar'

José María Pou (Mollet del Vallés, 1944) atiende al teléfono desde su casa de Barcelona pocas horas antes del estreno de El tipo de la tumba de al lado, con Antonio Molero y Maribel Verdú, en el Teatro Goya. Mientras sus trabajos como director se suceden con frenesí hiperactivo, mucho más aún desde que decidió hacerse con la gestión artística del Teatro La Latina en Madrid, Pou continúa su gira como actor con Llama un inspector, de J. B. Priestley, que también dirige. Los próximos 24 y 25 de febrero llegará al Auditorio de la Diputación Concha. Yo sólo quiero bailar, su segundo trabajo junto a Concha Velasco tras La vida por delante. Hay material de sobra, por tanto, para volver a conversar con este creador tan único como necesario.

-El argumento de que la crisis no ha llegado al teatro tiene en usted su principal valedor. ¿No ha pensado en ofrecerse al Gobierno como asesor, decirles cómo se hace?

-Es que soy optimista. Razonablemente, al menos. No lo soy porque tenga la cabeza en las nubes, sino porque tengo los pies en el suelo. Que el teatro atraviesa una época de crecimiento lo dicen las estadísticas, no yo. Desde que estalló la crisis, el número de espectadores en toda España ha ido aumentado año a año. Las cifras de Barcelona me las sé de memoria: en 2011 se produjo un incremento del 8% respecto a 2010 y en éste el incremento respecto a 2009 había sido del 13%. El público no sólo no ha dejado de ir al teatro, sino que va más.

-¿Tal vez el teatro ha salido reforzado de su resistencia a la digitalización y, por tanto, a la piratería?

-Sí, así es. Al teatro hay que ir, no se puede ver desde casa. Eso le garantiza su futuro. Por más que uno pueda disfrutar en su habituación de una oferta cultural amplia, la necesidad de salir de la privacidad y compartir experiencias es intrínseca al ser humano. Y el teatro satisface plenamente esa necesidad. Uno sale de casa, fundamentalmente, para comprobar que no está solo. Necesita ese bálsamo. Y el teatro se lo proporciona. Ocurre como con los conciertos: los músicos apenas perciben ingresos ya por las ventas de discos, así que han hecho del directo su primera actividad. Esa naturaleza presencial ha evitado al teatro los malos ratos que está pasando el cine, sobre todo el sector de la exhibición.

-Sin embargo, el teatro sigue dependiendo en España en gran parte de estructuras públicas y lo que encontramos ahí son programaciones cada vez más reducidas por los Ayuntamientos y teatros en desuso. ¿Qué falla? ¿Es tal vez un problema de sensibilidad?

-Sí, ésa es la palabra: sensibilidad. Es verdad que en muchos teatros públicos las programaciones han sido recortadas hasta en tres cuartas partes, lo que se traduce en menos oportunidades para el público y también para las compañías, que pierden así muchas ocasiones de trabajo. Fíjate, hasta una obra como Veraneantes, que dirige Miguel del Arco y que es candidata a catorce Premios Max, ha tenido que reducir drásticamente una agenda de funciones ya comprometida. Muchas compañías han desaparecido en los últimos años porque los Ayuntamientos no han pagado sus actuaciones. Es paradójico que ocurran estas cosas cuando precisamente ahora la gente va al teatro más que nunca. También a mí me ha pasado con Llama un inspector, teníamos previsto hacer funciones en Andalucía, en Málaga, Sevilla y Córdoba, que hemos tenido que retirar. No vamos a hacer ninguna función en Andalucía, es duro pero es así, no nos contratan. No sé cómo está la situación por allí...

-Esto hace agua por todas partes.

-En realidad es una tónica general. Pero es lo que te decía, se trata de un problema de sensibilidad. Los responsables de las administraciones tienen que comprender que no se puede recortar en esta materia de cualquier manera, porque sí. Que si lo hacen están haciendo pagar al país un precio muy caro, ya que en las últimas décadas se había logrado levantar un panorama teatral fabuloso, competitivo, del que han salido creadores admirados en Europa y América y que se está quedando reducido a un mero esqueleto. Sería un desastre que todo esto desapareciera. Tienen que comprender que mantener un teatro vacío, sin programación, es mucho más caro que mantenerlo abierto. Y que hay público dispuesto a pagar el precio de la entrada.

-¿Cree que la futura ley de mecenazgo anunciada por el Gobierno facilitará las cosas?

-Soy muy escéptico respecto a eso. Llevo oyendo hablar de leyes de mecenazgo desde que tengo 17 años, y ya he cumplido los 65, así que no me lo creo. Siempre que se ha propuesto algo parecido ha sido para que las empresas paguen menos impuestos, pero nunca se ha orientado para estimular una mayor producción cultural. Dime, ¿crees que realmente las empresas invertirían ahora más en cultura a cambio de ciertas ventajas fiscales? ¡Pero si no tienen dinero! ¡Da lo mismo! No, esto del mecenazgo o se hace como en Estados Unidos o mejor no se hace. Allí, si vas a un teatro cualquiera, en el recibidor encuentras una placa que recuerda que aquel teatro pudo construirse gracias al mecenazgo del millonario tal, que contribuyó con tanto dinero. Y cuando vas a ocupar tu butaca, encuentras otra plaquita allí puesta que te recuerda que has podido comprar una entrada en esa butaca porque otro millonario de turno puso tanto dinero. Así, sí. Pero me temo que eso no va a ocurrir aquí. Por eso es tan importante que las administraciones públicas sean conscientes de lo que se juegan.

-¿Y qué opina de los modelos de autogestión por el que ya apuestan jóvenes compañías? En Málaga, grupos como Trasto Teatro y Bajotierra organizan funciones en sus casas, pero luego son invitados a festivales en México y Brasil.

-¿En serio? ¿También existen ya este tipo de compañías en Málaga?

-Sí. Y son muy buenas.

-Sé que algunas compañías funcionan así en Madrid y Barcelona. Lo que me dices es esperanzador. Creo que lo idóneo es adoptar el modelo argentino. Gente como Daniel Veronese empezó a hacer teatro en su casa en una época muy dura, en plena dictadura militar. De ahí pasaron a garajes, y hoy trabajan en teatros con trescientas o quinientas butacas, a menudo en barrios, con públicos muy fieles. Los argentinos demostraron que se puede salir adelante si haces un teatro capaz de conectar con la gente, con su época y sus dudas. Así que sí, me parece interesante que se traslade eso a España. Ahora bien, hay que ser tremendamente ambiciosos. Cualquier camino es bueno, pero sólo si va encaminado a un teatro profesional. El teatro amateur es muy respetable, pero no estamos hablando de eso.

-Al final no hemos hablado sobre Concha. Yo sólo quiero bailar.

-Concha está estupenda. La camisa que lleva puesta, por cierto, es mía. La compré en Londres.

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