El pintor de superhéroes

  • El dibujante granadino Gabriel Hernández Walta ultima este mes los diseños del nuevo 'Doctor Extraño'l Marvel también le encargó que diera vida a Magneto y La Visión, serie con la que ha ganado recientemente un premio Eisner

Agotado, agotado, agotado. Eso contestan al visitar distintas tiendas cuando intento hacerme con un ejemplar de La Visión, obra de Marvel con guión de Tom King, dibujos del granadino Gabriel Hernández Walta y color de Jordie Bellaire. La razón: se le ha otorgado un Premio Eisner -los Oscar de los cómics- a mejor serie limitada. "Se ha vendido como churros estos días, y cuando me preguntan qué regalar suelo recomendar ese cómic. Vuelva la semana que viene", me aconsejan amablemente en Picasso Cómics. Un día después, llamo al autor gráfico del tebeo. "A estas alturas, los premios no son una prioridad. Si lo han sido alguna vez. No te lo planteas, y más en un trabajo tan intenso como éste. Va a sonar a tópico, pero que guste lo que haces y que tenga la relevancia suficiente para que se pueda seguir haciendo es la única meta que uno se plantea", reconoce.

Melillense de nacimiento, pero afincado en Granada desde los 90, Walta quiso ser dibujante de tebeos desde siempre. Los primeros cómics que cayeron en sus manos tuvieron como autores a Francisco Ibáñez (Mortadelo y Filemón); Juan López Fernández (Superlópez); y Manuel Gonzales (Don Miki); entre otros muchos. Bajitos, de larga nariz redondeada, con aspecto animal. Los protagonistas de estas historias eran una parodia de Superman, reflejos de nuestra querida España de finales del siglo pasado, mientras que otros atendían a los cánones de la gran familia creada por Walt Disney. Después, como a todo crío amante de la historieta, le picó el gusanillo de los superhéroes.

"Dependía un poco del que lo dibujara y lo guionizara. Un personaje como Daredevil, que nunca me llamó la atención, cuando Frank Miller (Batman: El Regreso Del Caballero Oscuro, Sin City) se encargo de él se convirtió en mi favorito. La Patrulla-X -los X-Men de ahora- en los 80 siempre estuvieron en manos de dibujantes muy buenos. Los personajes eran súper llamativos. La serie de Watchmen es un lugar común de todos los profesionales porque de alguna manera supuso un antes y un después en la industria", puntualiza.

"En La Visión, la premisa es que el superhéroe crea una familia y quiere una vida normal. Doctor Extraño no es Thor, ni Capitán América. Ambos rompen con los esquemas de la nueva Marvel, como la chica ardilla que usted mencionó en La hora del bocadillo. ¿Le gusta que de alguna manera hagan una parodia de los supehéroes súper poderosos, que se haga un canto a los raros, diferentes?", le pregunto curiosa. "En principio las aventuras de superhéroes eran una mezcla de novela de aventuras mezclado con la ciencia ficción. Con el paso del tiempo, el género de superhéroes se ha convertido en un género como tal con algunas claves que todo el mundo cree identificar como el personaje disfrazado que tiene una identidad secreta y que pelea con supervillanos. Pero no siempre ha sido así. De hecho, lo que hicieron famosos a los tebeos de Marvel fue mezclarlos con la vida cotidiana. El leitmotiv de Spider-man eran los problemas que tenía en el plano romántico, universitario y laboral, sumado a su actividad como aventurero. No es algo nuevo esto, pero necesita aire fresco", señala en tono reflexivo.

Su afán por ser dibujante de cómic le llevó a Granada hace 27 años. El cometido: estudiar Bellas Artes. "Había docentes malos, buenos y regulares, como en todas las universidades. Con un buen profesor de dibujo aprendes muchísimo a nivel técnico. Eso me pasó a mí. Luego, había docentes que tenían mucho oficio y eso lo valoraba mucho. Me gustaba el taller de pintura contemporánea, pero también agradecía que el profesor te dijera que esa cabeza había salido demasiado grande. Da mucho inseguridad querer decir algo y no saber cómo. En otras áreas, como la música, aceptas que tienes que aprendes algo; mientras que en la pintura no se asume tanto. Había profesores que me enseñaban cosas concretas en ese área y eso se agradece", reflexiona. Durante la carrera, el artista se aficionó a la pintura, tanto que llegó a exponer en varias ocasiones tras finalizar sus estudios. "Como no me movía mucho en los círculos fanzineros, el paso natural para mí fue hacer muestras y buscar editoriales fuera de Granada, que para el número de habitantes que tenía entonces albergaba bastantes galerías y muchos clientes de clase media. Ahora se encuentra en horas bajas", comenta.

Durante la entrevista, Walta se muestra espontáneo, afable y sobre todo muy, muy humilde. En ningún momento se observa resquicio alguno de soberbia o de altivez. "No fue una cosa buscada. Sinceramente, no entraba en mis planes trabajar en Marvel. A mí me habían gustado muchos los tebeos de jovencillo, sí, pero precisamente por la deriva de mi estilo pensé que nunca encajaría en publicaciones relacionadas con superhéroes", confiesa.

En 2002 decidió presentarse al concurso nacional de cómic convocado por el Instituto de la Juventud y resultó premiado, lo cual le empujó a dedicarse profesionalmente a la historieta. El primer sello americano para el que trabajó fue IDW, apareciendo desde 2003 su firma en las series CVO: Artifact, CVO: Human Touch (sobre guiones de Jeff Mariotte), IDW´s Tales of terror, y en la adaptación de la novela de horror de Clive Barker The Thief of Always (con guión de Kris Oprisko, que aquí tradujo Norma como El ladrón del día). Otro popular escritor de horror al que adaptó fue R. L. Stine (dentro de la antología editada por Sholastic Goosebumps: Creepy Creatures). Desde ahí, saltó a Vertigo, sello ligado a DC Comics, participando en la obra colectiva Crossing Midnight (número 16, en el que coincidió con el también andaluz Mateo Guerrero).

La oportunidad de oro le llegó de la mano del dibujante malagueño Juan Antonio Torres, alias El Torres. "Si estoy dibujando cómic en Estados Unidos es gracias a él", se le escucha decir en una entrevista que le hicieron hace meses en La hora del bocadillo de RNE. "El Velo y El bosque de los suicidas -con guión de El Torres- son a día de hoy los trabajos más personales que he hecho en toda mi carrera, por la temática y la propia relación que teníamos. Ambos se gestaron de una forma mucho más orgánica que en cualquier otro proyecto", declara entusiasmado. Cuando se le pregunta por una segunda parte de El Velo, el artista no esconde sus ansias por dibujarla: "Estoy deseando. Lo tenemos pensado desde hace tiempo. Me envió el primer capítulo. Lo que pasa es que los dibujantes sólo podemos hacer un cómic cada tantos meses. El guionista puede hacer cuatro o cinco proyectos a la vez, porque le ocupa menos tiempo. Un dibujante necesita trabajar de lunes a domingo, más de ocho horas, durante cinco semanas. Me tendría que tomar un año sabático", revela.

El estilo de Walta, diferente al igual que los propios personajes que da vida, se ha visto influido por la ilustración y la pintura. Es una especie de Norman Rockwell con influencias de Sorolla -se ríe al escuchar la descripción-. Esto se percibe cuando uno ve la casa de la familia Visión y las calles de Maine en El Velo, salpicadas por detalles y con una atmósfera bien diferente a la de otros autores. "Lo que noto mucho es que pintar al natural te da más recursos, es decir, te da una concepción del ambiente, de la atmósfera, de los escenarios, mucho más amplia. A veces el fondo es plano, algo accesorio. Quizá por haber pintado paisajes me gusta incorporarlo como parte de la trama. Sé que Tom King al ver como recreé la casa de la Visión decidió darle más peso dentro de la historia. A mí me gusta crear lugares imaginados pero que parezcan reales y así el lector pueda meterse. Aunque colorea Jordie, suelo hacer unas grisallas, grises con acuarela, me gusta el aspecto manual, más pictórico", detalla.

Walta reconoce que La Visión nunca le ha gustado, que le tiene más afecto al mundo mutante, pero que fue algo "muy intenso". "Tampoco es que odiara al personaje. El planteamiento que hace Tom es especial. Si hubiera leído este tebeo aunque no lo hubiera dibujado yo me hubiera gustado", reconoce. En unas semanas, entrega los diseños del nuevo Doctor Extraño, el personaje de sus sueños "porque es otro tipo de historia, diferente, que se sale de la regla. A nivel gráfico es muy atractivo. En las épocas clásicas del Doctor Extraño salían dimensiones raras con elementos gráficos muy llamativos. Él no es un personaje musculoso. Utiliza la magia, aunque en realidad no es más que una forma de jugar con la inteligencia", sostiene.

"¿Es más complicado hacer una historieta sobre un personaje que no le atrae o al contrario?", le interpelo en seguida. "Cuando te ofrecen hacer un Lobezno, algo que has leído de joven, te hace ilusión pero por otro lado tienes en la cabeza la versión de los dibujantes que te han gustado. Eso te coarta un poco. Mientras que un personaje que nunca te ha dicho nada es más sencillo construirlo desde el principio", explica.

Criado en Málaga, pero granadino de adopción desde hace casi 30 años, Walta se atreve a opinar sobre la evolución cultural de Granada. "Hay mucho poso cultural en la ciudad, pero bastante negligencia por parte de las instituciones públicas. En Málaga y en Sevilla se destina más presupuesto. Con todo esto de los hospitales, de la mala gestión de la Alhambra, percibes que son muchos los aspectos que se tienen que arreglar. Hay muchísimo potencial, pero se desaprovecha por este desequilibrio", concluye.

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