"Un poeta sin lectores no es absolutamente nadie"

  • El último Premio Nacional de Poesía presentó ayer su nueva obra, 'Misteriosamente feliz', en el Instituto de Estudios Portuarios, de mano del Centro Andaluz de las Letras

Joan Margarit, Premio Nacional de Poesía en 2008 por su libro Casa de Misericordia, llegó ayer a Málaga, al Instituto de Estudios Portuarios, para presentar junto a Antonio Jiménez Millán su libro Misteriosamente feliz dentro del ciclo Últimas noticas de la poesía. Margarit es uno de los poetas más fecundos y más serios de la literatura catalana, un poeta al margen de movimientos literarios, modas o corrientes. Un francotirador.

-Viene a presentar su libro en Málaga, Granada, Almería... Toda una gira por tierras de poetas. ¿Le impresiona Andalucía?

-La verdad es que sí, es toda una gira por toda Andalucía. Y es un lugar que me encanta visitar. Andalucía es tierra de poetas, y no sólo por Federico García Lorca. El poeta que no capte la singularidad de Andalucía en ese aspecto es que está ciego o sordo. El número de poetas andaluces es apabullante: Alberti, Machado, Góngora, Lorca... Cuando uno llega aquí tiene la sensación de estar en un sitio muy especial.

-Usted es, ante todo, machadiano...

-¿Y quién no lo es? Soy machadiano de toda la vida. Machado fue el gran poeta que puso a mi alcance, cuando vivía en Tenerife, un profesor y maestro mío. Fue quien me abrió las puertas de la poesía.

-A menudo, usted suele decir que le influyó más en su vida el periodo de tiempo que vivió en Tenerife que toda su infancia... ¿es así?

-Exacto. Mi llegada a Tenerife coincidió con la adolescencia. Por aquella época, las Islas Canarias eran un sitio muy singular. Yo entonces tenía 15 años y Santa Cruz de Tenerife era una ciudad colonial, era otro mundo, algo mucho más amable y cercano que lo que habíamos dejado atrás. Era una ciudad más sonriente y más tranquila. No palpabas el pasado tan tremendo que existía en España tras la Guerra Civil. A mí me sucedió lo que le pasa a todos los emigrantes cuando llegan a un sitio acogedor: que quieren formar parte de él. Yo me sentía canario. Hablaba no sólo canario, sino como los canarios. Hablaba canario chicharrero. Siento mucho haber perdido todo aquel mundo. Mi estancia allí, por otra parte, me complicó la vida porque toda mi cultura se desarrolló en castellano y, cuando empecé a escribir, lo quise hacer en castellano. Craso error.

-¿Cuándo decidió hacerlo en catalán?

-Muy tarde, casi con cuarenta años, y después de muchos intentos. Pero no fueron años perdidos, porque fueron años de mucho aprendizaje.

-¿Dominar dos idiomas le ayudó para despojar sus poemas de palabras superfluas?

-No, a eso me ayudó mi educación científica, mi aprendizaje de la arquitectura. Al conocer dos lenguas, tienes el doble de posibilidades de detectar los errores. Si una palabra falla en catalán, también fallará en castellano. Cuantas más lenguas conoces, más posibilidades tienes de detectar los errores.

-Usted siempre ha afirmado que no pertenece a ninguna generación literaria...

-Nunca he pertenecido a ninguna. Cuando apareció la Generación de los 50, yo era demasiado joven, y cuando llegaron los Novísimos, ya era demasiado viejo. De cualquier modo, no creo en las generaciones. Son un poco un invento comercial en el buen sentido de la palabra. Sirven para que se junten poetas y es más fácil abrir un camino con otros que hacerlo en solitario.

-¿Debe un poeta buscar su propia voz personal?

-Un poeta debe buscar su propia voz y sus propios lectores. Los lectores son siempre muy inteligentes y si no le das nada de lo que puede interesarles, se olvidarán de ti. Por eso siempre digo que un poeta sin lectores no es nadie. Un poema que no es leído ni siquiera es un trozo de papel inservible...

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