"El público sí es inteligente"

  • El responsable del Teatre Lliure presenta hoy y mañana en el Cánovas su último trabajo, '2666', un montaje de cinco horas basado en la novela de Roberto Bolaño

Creador escénico venerado en Europa y buena parte del mundo, Rigola le ha metido mano a Shakespeare, a Brecht, a Jarry y a quien se le ha puesto por delante, siempre con éxito. El Teatre Lliure es la compañía española con más presencia internacional y 2666 el espectáculo más encumbrado por la crítica en los últimos años.

-¿Cuándo supo que en 2666 había una obra de teatro?

-No fue automático. Leí la novela y me gustó enseguida, pero la determinación de hacer la adaptación la tomamos Pablo Ley y yo algún tiempo después. Cuando dimos a conocer el proyecto nos tomaban por locos, todo el mundo creía imposible llevar al escenario una novela de 1.200 páginas. Pero, entre otras muchas cosas, el teatro consiste en contar una historia. Y 2666 encierra mil historias sobre la posibilidad de pronunciar la palabra dignidad en este siglo XXI. Yo buscaba un texto titánico, diferente, y encontré en la obra de Bolaño la manera de recorrer varios paisajes con el terrible centro de Santa Teresa o Ciudad Juárez, los crímenes y las mujeres asesinadas.

-¿Qué criterios, más o menos fieles, han aplicado en la adaptación?

-Fundamentalmente, dos. Uno referido al contenido; la temática es absolutamente contemporánea y reconocible por la sociedad actual. Ocurre además que Bolaño era un hombre de la calle, vivía con los pies en el suelo y de hecho sólo pudo comer de la literatura en su última etapa, poco antes de morir con 50 años y después de conocer el hambre y diversos aprietos. No hay nada pedante en su obra. Y el otro criterio se refiere a la forma, porque Bolaño fue poeta antes que novelista y su prosa está cargada de lirismo, aunque esté construida con un lenguaje próximo.

-El trabajo de síntesis habrá sido, de todas formas, muy arduo.

-Sí, pero piensa que estábamos obligados. Cuando lees una novela puedes parar después de dos páginas si te apetece, pero el espectáculo hay que verlo seguido. Hemos sintetizado mucho en lo referente a los elementos dramáticos y la definición de personajes, pero lo que nos resultó definitivamente efectivo fue insertar un descanso después de cada una de las cinco partes, porque éstas son completamente diferentes entre sí en cuanto a disposición escénica y cada vez que el espectador regresa encuentra algo diferente en el teatro. Eso agiliza mucho la representación.

-La novela tiene una estructura abierta, ¿cómo la han conservado en los límites del escenario?

-Lo de la estructura abierta es relativo. En realidad, hay muchos puentes entre cada una de las partes, lo que pasa es que a medida que lees una novela tan larga vas olvidando cosas, y Bolaño se aprovechó de esto para figurar en el lector una apariencia abierta. Cuando hicimos la primera lectura crítica para la adaptación comprendimos que todo estaba bien atado y que nada se resentiría en escena.

-La cuarta parte, la de los crímenes, parece a priori la menos teatral. Sin embargo, la crítica la considera la más lograda del montaje.

-La parte de los crímenes es la que menos trabajo nos costó y la que menos ensayamos. Desde el principio teníamos claro que, si hubiéramos tenido que decantarnos por sólo una parte de las cinco, nos habríamos quedado con la cuarta, y fácilmente podríamos haber hecho un montaje de cuatro horas. Tiene algo de catártico, de búsqueda. Es muy potente. Creo que funciona tan bien por la instalación: para la escenografía nos fuimos a Ciudad Juárez e hicimos fotos del desierto en el que aparecen los cadáveres. Esta imagen lo corona todo.

-¿No le resulta extraño invitar a un espectador a pasar cinco horas viendo una obra, ahora que la atención presenta entre los jóvenes un déficit tan pronunciado?

-A veces, a mí mismo el teatro me produce cierta merma en la capacidad de atención. El espectador sí es inteligente, más de lo que se piensa, lo que pasa es que a menudo le hemos llevado a ver el peor teatro del mundo. Especialmente a los chavales les hemos mucho daño llevándolos a ver ciertos presuntos clásicos que en realidad eran momias arqueológicas. Hay que contar con ellos, con sus inquietudes. Estoy convencido de que una historia maravillosa siempre engancha.

-Por aquello de las cinco horas, la crítica le ha comparado con Robert Lepage y Peter Brook. ¿Halagado?

-Hombre, y cómo. Si llego a aprendiz de ellos, ya es para estar feliz.

-¿Irá 2666 a México?

-Te invito a que hagas un ejercicio: cuando veas la tercera parte de la obra, reflexiona sobre esta pregunta. Y ya me contarás después.

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