¿Qué sabe usted de Provo?

  • 'The Moth & The Flame', disco y grupo homónimo, no figurará probablemente en ninguna lista de 2011, pero es muy probable que volvamos a oír hablar de ellos

Por cortesía de Wikipedia, unos breves apuntes sociogeográficos para ubicarnos. Provo es la segunda ciudad por población del estado de Utah, en el Medio Oeste norteamericano, apenas conocido entre nosotros por haber albergado unas olimpiadas de invierno en su capital, Salt Lake City, y, sobre todo, por ser el centro de operaciones de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. O sea, los mormones.

Situada a 1.397 metros de altura sobre el nivel del mar, en la cordillera conocida como Wasatch Front, apenas cuenta con poco más de 112.000 habitantes, en torno a 34.000 de los cuales son estudiantes de la Brigham Young University, universidad privada directamente vinculada a la iglesia dominante en el estado. Ésta, a su vez, dispone en la localidad de su Missionary Training Center, centro del que salen, dispuestos a evangelizarnos, esos chicos con corbata negra, camisa blanca de mangas cortas y etiqueta identificativa en el pecho que tanto sudan luego durante el tórrido verano andaluz.

El porcentaje de su población estudiantil, un dato siempre significativo a la hora de baremar ciudades en términos de música pop, podría inducirnos a engaño (o no): habida cuenta de los rígidos preceptos mormones, la Brigham Young, vuelve a señalar Wikipedia, es considerada "la universidad más sobria de Estados Unidos". Un terreno, podría intuirse a priori, poco propicio para la manifestación de determinadas sensibilidades artísticas.

De tan singular paisaje, sin embargo, proviene The Moth & The Flame, grupo comandado por Brandon Robbins (voz y guitarra) y Mark Garbett (teclados y voz), que a mediados del pasado mes de noviembre debutó con un álbum de título homónimo y autoeditado, sorprendente no tanto ya por su lugar de origen -al fin y al cabo, puede que eso sólo sea folclore- como por su esplendorosa, compacta y emotiva colección de canciones.

Con evidentes y reconocidas referencias en Radiohead -en concreto, los anteriores a Kid A-, no pocos ecos también del Beck más calmado -el de Sea Changes, claro- y algo de la natural solemnidad -será el paisaje, en su caso- que adornó al inolvidable Grace de Jeff Buckley, The Moth & The Flame es uno de esos discos inesperados que acaban por fijarse en la atención a consecuencia de la insistente curiosidad que su contenido provoca. Quiénes son, de dónde vienen y todo lo demás.

Y así, uno descubre que, poco después de un año en activo, el dúo, flanqueado en directo por otros músicos de apoyo -entre ellos, el propio productor del álbum, Nate Pyfer- se saca de la chistera, y casi podríamos decir que de la nada, un debut impecable, por momentos conmovedor, que no cuenta con versión oficial en descarga digital porque Robbins y Garbett consideran que una portada como dios manda; la totalidad del diseño del envoltorio; el envoltorio de la música en sí, es parte ineludible del artefacto artístico que nos proponen.

Y así, uno entonces piensa, con evidente riesgo de equivocarse, que quizás en Provo la modernidad es otra cosa, y que la misma distancia que en lo sonoro separa al grupo de una a veces asfixiante cercanía a la actualidad es la que le permite crear un trabajo con tan evidentes y convencidas pretensiones sin siquiera rozar la grandilocuencia, el vacío.

Aunque de momento sólo se puede comprar en formato físico, si así lo desea, a través de la web del grupo -otro ejemplo en sí mismo del ajustado uso que la banda hace del diseño-, The Moth & The Flame puede escucharse íntegro vía soundcloud en la misma dirección (howwewokeup.com/). Ésa es sin duda la mejor manera posible de comprobar si canciones como la sobrecogedora Entitled, pese a sus deudas con OK Computer, o la inicial y contundente Maker son de ésas que también a usted le sacuden el cerebro.

The Moth & The Flame Autoedición. Rock. CD

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