Crítica de Clásica

Cuando todo sale bien

orquesta filarmónica de málaga

Programa 14 de la Temporada de Abono. Teatro Cervantes. Fecha: 10 de junio. Programa: 'Sinfonía concertante en mi menor, para violonchelo y orquesta', S. Prokofiev; 'Danzas polovtsianas' (de la ópera 'El príncipe Igor'), A. Borodin; 'La Mer', C. Debussy. Director: Kaspar Zehnder. Solista: Pedro Peláez. Aforo: Tres cuartas partes.

La llegada del verano lo trastoca todo. También -y muy sensiblemente- la agenda cultural de la ciudad. La cercanía de las fechas estivales y el primer terral del año se dejaron notar en el penúltimo concierto de la temporada de abono, que registró el pasado viernes una entrada algo más pobre de lo habitual. Una lástima para todos aquellos que se perdieron, sin duda, uno de los mejores conciertos del año, con una magistral dirección a cargo del suizo Kaspar Zehnder, una no menos brillante ejecución por parte de la OFM y un solista, el joven violonchelista malagueño Pedro Peláez, que demostró sus grandes cualidades.

La Sinfonía concertante para violonchelo y orquesta de Prokovief es, por decir lo menos, una obra difícil. Y no tanto por su virtuosismo -aunque algunos pasajes del segundo movimiento podrían poner en cuestión esta valoración-, sino por el esfuerzo físico -¡y mental!- que demanda del solista. La propia escucha ya es agotadora. El público supo valorar la audacia de enfrentarse a una obra de tal exigencia y la más que notable interpretación que ofreció el músico malagueño. Parte del mérito, justo es decirlo, correspondió a una orquesta que estuvo siempre en el lugar correcto y sonó francamente bien bajo la batuta de Zehnder, cuya cuidada dirección no pasó inadvertida. La espectacular interpretación de las DanzasPolovtsianas de Borodin fue toda una lección de cómo abordar un clásico y exprimir sus posibilidades estéticas. Y, en fin, el buen hacer de Zehnder y la magnífica respuesta de los músicos se prolongaron en la última pieza del programa, LaMer, quintaesencia de la inigualable capacidad de Debussy para evocar imágenes que, lejos de cristalizar en representaciones de la realidad, invitan, precisamente, a suspender nuestra relación con ella.

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