firmado: mister j.

El superhéroe global

  • 'Batman Inc.' es la penúltima locura del loco más loco de todos, Grant Morrison, siempre dispuesto a reventar aquello que toca

Se dice con frecuencia que la función principal del superhéroe es el mantenimiento del statu quo, lo que convierte al género en un conjunto de ficciones de lo más reaccionarias. Y conste que no quiero implicar con ello juicio negativo alguno, sino meramente denotar y delimitar la naturaleza de esta fenomenal forma de entretenimiento contemporáneo. La propia función de los géneros dentro de la literatura los hace ser sistemas reaccionarios: se dispone de un modelo que se puede explorar, tensar y quebrar, pero que siempre retorna a su ser, se recompone por arte de magia, como deseo de orden en un universo fatalmente entrópico, por más que, paradojas de la percepción humana, al individuo le parezca un todo estable.

Entre las diversas tensiones que asolan el género de superhéroes, convertido desde hace décadas en sumidero de referencias y autorreferencias, una de las más cacareadas es precisamente la necesidad de devolverlo a una supuesta esencia perdida, que, según el caso, es el modelo Lee-Kirby o la ingenuidad pre-Marvel o hasta las ideas primeras de honor y heroísmo, desaparecidas con la Edad de Oro. Defensores del "retorno a los orígenes" -a veces llamado "retorno a la grandeza" o expresiones tan palmarias y jocosas como esa- se enfrentan a los apóstoles del cambio, aquellos que meten sus manos en estos ídolos modernos con intención renovadora, iconoclasta y poco o ningún respeto a la supuesta tradición. Iconoclastas fueron en su día Siegel y Shuster, Lee y Kirby, O'Neil y Adams, Miller y Moore, y etcétera; no sé si viene o no al caso recordarlo. El caso, y resumiendo, es que la dicotomía reaccionario-progresista encuentra su correspondencia en el ámbito cultural, y aun en el ámbito subcultural de la historieta, cada vez que sale un tebeo de Superman, Spiderman o Batman: este no es Conan, que me lo han cambiado, dice uno; este sí es Conan y no la basura de ayer, dice el otro.

Viene todo esto a cuento de Batman Inc., la penúltima locura del loco más loco de todos, Grant Morrison, siempre dispuesto a reventar aquello que toca, y del que solo cabe esperar lo inesperado. Su dilatada estancia en la franquicia del hombre murciélago, que incluye hitos como Batman RIP, Batman y Robin, El regreso de Bruce Wayne o este fenomenal Batman Inc., ha sido una de las lecturas más refrescantes, satisfactorias y rompedoras que se recuerdan. Morrison se apoya en las fracturas del icono para ofrecernos una fantasía compleja y sabrosa, como ya hiciera Miller en su día con Daredevil y el propio Batman, pero trabaja con una versión más amplia, moderna y elaborada del mito y con un mayor conjunto de mitemas. Por poner un ejemplo, aunque Morrison considera que Batman está construido como un personaje heterosexual, admite que el arquetipo que proyecta es claramente gay: el hombre adinerado, preocupado hasta el mínimo detalle de su aspecto, desviado de la norma sexual, con mínimo o nulo interés por las bellas mujeres que le rodean. Así es como construye su versión del personaje: desde las contradicciones.

El Batman de Morrison -o mejor dicho los Batman, porque de eso es de lo que va este tomo, del crecimiento viral de la marca Batman, de la expansión de su lucha contra el crimen al tablero de lo global- es hiperviolento y paranoico, pero también ingenuo y caprichoso, un personaje que mezcla lo conocido y lo por conocer y alcanza las cotas más altas. Uno puede amarlo u odiarlo, pero es imposible apartar la vista de él.

·firmadomisterj.blogspot.com

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