El teatro infinito

  • La compañía Els Joglars, pieza fundamental en la historia del teatro español, abre hoy en Marbella la temporada en la que celebra su primer medio siglo de vida sobre las tablas, una oportunidad única para revisar su fértil legado

Si alguien puso a prueba la Transición española, ése fue Albert Boadella. Quienes asistieron en 1977 a las representaciones en 40 ciudades españolas de La torna no daban crédito a lo que veían: una tragicomedia de máscaras con agentes de la Guardia Civil caracterizados como cuervos que narraba la detención, el consejo de guerra y la ejecución a garrote vil de Heinz Chez, el alemán eliminado el mismo día que el anarquista Puig Antich. Una herida demasiado caliente. Dos días después de la representación en Reus, la policía se presentó en casa de Boadella con una orden judicial que prohibía cualquier nueva función de La torna. El autor y director fue procesado, convertido al igual que su personaje en objeto de un consejo de guerra e ingresado en la Modelo de Barcelona por un delito de injurias a las Fuerzas Armadas. Con casi ochenta años de retraso, el teatro español entraba de lleno en el siglo XX. Y desde entonces nada habría sido lo mismo sin Els Joglars. La compañía abre hoy a las 21:00 en el Teatro Ciudad de Marbella la temporada en la que celebra su 50 aniversario con su último espectáculo, 2036. Omena-G, en el que Boadella especula con los fastos del 75 aniversario de su invento (habrá una segunda función mañana). Una ocasión servida en bandeja para revisar, con ojo crítico, el legado de uno de los episodios más felices de la escena española desde el Auto de los Reyes Magos.

La historia de Els Joglars comenzó, claro, bastante antes de 1977. En 1961, un jovencito Albert Boadella organizó en Barcelona un curso de mimo cuyos participantes terminaron convirtiéndose en los miembros de la formación original de la compañía. A partir de 1962 comenzaron las primeras representaciones con montajes como L'art del mim (estrenado en el Palau de la Música Catalana) y Els deixebles del silenci, en los que, como correspondía a la orientación sembrada por Boadella, se concedía especial prioridad a la expresión corporal. Tras diversas giras por Cataluña y Valencia, la compañía desembarcó en el Teatro Español de Madrid en 1969 y durante los 70 gozó de una singular proyección en España y Europa (en 1971 se estrenó El Joc en Holanda). En 1977, La torna supuso un verdadero punto de inflexión en Els Joglars, no sólo por la detención de Boadella (protestada por la plana mayor de artistas escénicos del país) sino porque, tras las últimas representaciones, el mismo impulsor de la agrupación decidió cambiar la formación de cabo a rabo y no volver a trabajar con quienes habían venido siendo sus cómplices desde 1961. Aquella decisión traería cola treinta años más tarde: en 2005, Boadella decidió recuperar La torna con actores jóvenes en un espectáculo llamado La torna de la torna (representado en el Teatro Alameda de Málaga en febrero de 2006, dentro del Festival de Teatro) y fue acusado por sus antiguos compañeros de apropiación indebida del texto. Tras un largo litigio, el juez reconoció a Boadella la autoría íntegra del mismo.

Con los geniales actores Ramon Fontseré, Jesús Agelet y Jordi Costa como principales mentores a las órdenes de Boadella, Els Joglars abrieron en los 80 un cauce que conectaba directamente con la mejor tradición satírica del Barroco español sin renunciar a la Commedia dell'Arte y que buscaba las cosquillas sin remisión a cualquier orden relacionado con el poder. Especial relevancia tuvo la Trilogía, formada por la genial recreación del clásico de Alfred Jarry Ubú president (1995), Dr. Floit & Mr. Pla (1997) y Daaalí (1999), que revisaban sin filtro la memoria histórica catalana. Posteriores trabajos como El retablo de las maravillas (2004) y En un lugar de Manhattan (2005) ahondaban con las mismas ganas de ridiculizar a los adalides de la postmodernidad en la vena cervantina. Boadella, como los toros, sufrió luego el exilio de la Cataluña nacionalista, pero Els Joglars ya cumplen medio siglo. Han superado a cualquier dictadura.

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