El telefilme que quería ser película de una novela de éxito

Thiller, Suecia, 2009, 130 minutos. Dirección: Daniel Alfredson. Guión: Stieg Larsson. Intérpretes: Naomi Rapace, Michael Nipvyst, Peter Andersson, Lena Endre, Per Orcasson, Georgi Staykov, Paolo Robert. Fotografía: Peter Mokrosinski. Música: Jacob Groth. Cines: Málaga Nostrum, Larios, Vialia, Rosaleda, Plaza Mayor, La Verónica, Miramar, La Cañada, Plaza del Mar, Rincón, El Ingenio.

El avispado productor Soren Staermose, responsable de la adaptación cinematográfica de las populares novelas de Stieg Larsson, anuncia ya la inminente puesta en marcha de una serie de televisión de seis capítulos de 90 minutos cada uno con las aventuras completas de la hacker tatuada Lisbeth Salander y el periodista intrépido Michael Bloomkvist. El empresario, al que el generoso Sevilla Festival de Cine Europeo va a reconocer pronto por sus dotes de mercachifle, parece haberse dado cuenta que el torrencial material literario original no cabe en tres películas de duración convencional, y eso que las tres, ya cerradas, han superado con creces las dos horas de metraje.

A mí la cosa me suena más a seguir explotando la franquicia de esta nueva gallina de los huevos de oro y hacer pasar por caja otra vez a los numerosos adeptos que este boom de la literatura negra nórdica ha generado en medio mundo. Fundamentalmente porque las dos películas que se han estrenado hasta ahora no son sino eso, sendos telefilmes de pobre factura y no menos torpe escritura (a uno, que no ha leído las novelas, se le quitan todas las ganas de hacerlo) que las circunstancias mediáticas han hecho pasar por películas con empaque para la pantalla grande.

Ni aquella primera entrega ni mucho menos esta segunda dejan de ser un subproducto apresurado y simplista para tiempos de best sellers y cine fast food. Audiovisual europeo mediocre e impersonal, si acaso con un leve toque de modernidad cool mal entendida (que si la musiquilla, que si internet), bendecido por academias e instituciones del euro y que pone de manifiesto el nivel más bajo de eso que algunos reivindican como cultural popular, soñando tal vez con aquellos tiempos de los seriales por entregas de los años 10 y 20 (Feuillade, Fantomas, Judex).

Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina prolonga las aventuras de Salander y Bloomkvist, esta vez escindidos en dos tramas paralelas sin tensión ni interés, con una pobreza argumental y unos diálogos de pacotilla que dejan en evidencia al adaptador o, en su defecto, al original. Y no sólo eso, todo está rodado con una desgana y una sensación de prisas que provocan un indeseado efecto paródico ahí donde lo que se pretende es fomentar el suspense, la adrenalina o una reflexión sobre las cloacas de la sociedad del bienestar. Nada de nada, las dos primeras entregas de Millennium, a buen seguro la tercera, son hamburguesas de carne picada de mezcla para el olvido y la descomposición inmediata.

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