Un tigre en el cuarto de baño

EEUU,Comedia,2009, 100 min. Dirección: Todd Phillips. Guión: Jon Lucas, Scott Moore. Fotografía: Lawrence Sheer. Intérpretes: Bradley Cooper, Ed Helms, Zach Galifianakis, Heather Graham, Mike Tyson. Cines: Málaga Nostrum, Vialia, Rosaleda, Plaza Mayor, La Verónica, Alfil, Miramar, La Cañada, Gran Marbella, Rincón, Ingenio.

Corren buenos tiempos para la comedia norteamericana. A la espera de lo nuevo (Funny People) de Judd Apatow, títulos como Lío embarazoso, Viaje a Darjeeling, Superbad, Tropic Thunder, Paso de ti, Zohan, Pinneaple Express o Te quiero, tío parecen reescribir la herencia clásica del género para recoger la vertiente más gamberra o iconoclasta de la cosecha de los ochenta y los noventa en una nueva fórmula no necesariamente destinada a satisfacer los más bajos instintos del público adolescente. Bien al contrario, estos títulos asumen ya ese necesario tránsito hacia la edad adulta a partir del coqueteo con los síntomas más estereotipados de la adolescencia loca y hormonal.

Resacón en Las Vegas bien puede sumarse a la nómina de comedias que definen una nueva época. La cinta que dirige Todd Phillips (Road trip, Aquellas juergas universitarias, Starsky & Hutch, Escuela de pringaos) juega con materiales ya ampliamente desarrollados por la comedia más destroyer sobre viajes de colegas y despedidas de solteros para reubicarlos bajo una nueva perspectiva (adulta y emocional) y con formas algo más elegantes y contenidas. No es casual que uno de sus mejores gags tenga el inconfundible aroma de las comedias de Blake Edwards, con ese tigre que aparece en el baño de la habitación del lujoso hotel de Las Vegas al que han ido a parar un grupo de amigos (la amistad masculina, una vez más, en el horizonte temático) dispuesto a pegarse una gran juerga a costa de la despedida de soltero de uno de ellos.

Brillantemente construida sobre el vacío narcótico de una noche loca en la ciudad del juego y el pecado ("lo que se hace en Las Vegas, queda siempre en Las Vegas"), la cinta de Phillips saca enorme rendimiento rítmico a un guión que sabe llevar siempre un poco más allá de lo previsible las expectativas de un espectador que descubre las sorpresas al tiempo que sus protagonistas. El trazado de los personajes, carne de identificación múltiple a partir de los estereotipos del treintañero, y la excelente labor de sus desconocidos actores, añaden un plus de cercanía y calidez que ayudan a sortear con éxito los muchos lugares comunes por cuyos bordes transita.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios