El último aliento

3º Programa de abono de la Temporada 2012-13. Teatro Cervantes. Programa: 'Concierto para viola' de A. Schnittke y 'Sinfonía nº6 en si menor, Op.74' de P.I. Tchaikovsky. Intérpretes: Orquesta Filarmónica de Málaga. Director (invitado): Santiago Serrat. Solista: Evdokia Erchova (viola). Aforo: Tres cuartas parte..

El amor y el sufrimiento, Eros y Pathos, son el meollo de la vida y, naturalmente, también lo son de la creación artística. Como ocurre en las últimas obras de Mahler, una atmósfera crepuscular envuelve el Concierto para viola de Alfred Schnittke y la Sinfonía nº6, Patética deTchaikovski; un aire de despedida, entre el temor y lo agónico, que es premonición en Schnittke (quien, recién terminada la obra, sufrió un severo ataque de apoplejía del que nunca llegaría a recuperarseplenamente) y una auténtica declaración de última voluntad en el caso de Tchaikovski.

Dos obras de lenguaje bien distinto con un mismo final; el trágico destino de la vida, que se manifiesta con angustiosa violencia, da paso al inexorable término: una nota sostenida, un último aliento, que se extingue lentamente hasta ser nada. Probablemente, el Concierto para viola de Schnittke sea una de esas obras de la programación que no encaja con el "gusto malagueño", que tanto está dando que hablar en los últimos años.

Independientemente de lo que establezca el canon local, la obra de Schnittke es, junto a los clásicos conciertos de Walton, Hindemith y Bartok, una de las referencias del repertorio para viola del siglo XX. Aunque mejorable, la interpretación de la OFM, bajo la dirección de Santiago Serrate, y Edvokia Erchova (primera viola) resulto más que notable, con momentos de gran brillantez; especialmente aquellos en los que destacan la riqueza tímbrica y los contrastes de color propiciados por la anómala configuración del conjunto, que incorpora instrumentos de tecla y prescinde de la sección de violines.

Por otro lado, la Patética de Tchaikovski describió una línea claramente ascendente, de tal modo que más de dos y más de tres despistados rompieron a aplaudir al finalizar un apoteósico tercer movimiento. Merecidamente, eso sí.

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