Las verdades del chamán

  • Alejandro Jodorowsky Prullansky (1929) impartió ayer una muy personal conferencia en la sede de Cajamar dentro del ciclo 'La mirada del hombre'

"Soy un saco de respuestas, ¡pregunten!". Ese fue el grito de guerra de Alejandro Jodorowsky Prullansky (Tocopilla, 7 de febrero de 1929), escritor, filósofo, dramaturgo, actor, director de cine, guionista de cómics, maestro del tarot y psicomago, faceta esta última que fue la que llevó ayer por la tarde a la sede Cajamar. El ciclo de conferencias La mirada del hombre fue la excusa para una sesión de chamanismo en la que Jodorowsky era la estrella, el hombre al que todos amaban. Y eran muchos, porque las cola para entrar doblaba la esquina del edificio de la entidad financiera. El mundo necesita ser salvado y el chileno está dispuesto a hacerlo: "¡Qué responsabilidad!".

"Esta conferencia la vamos a hacer entre todos", indicó el autor de El topo, para a continuación contar un chiste, cuya moraleja era la necesidad de valentía, de actuar. El humor es una de las herramientas de Jodorowsky para su actuación. Un poco a la manera de el documentalista Michael Moore, el escritor tiene claro que "nos enseñan a tener miedo, pánico", y él se pregunta "¿por qué tanto miedo?".

Como la Wikipedia es el mejor amigo del periodista iletrado, vago o con prisas, veamos que dice de la psicomagia de Alejandro Jodorowsky Prullansky: "La psicomagia parte de la premisa de que el inconsciente acepta los actos simbólicos como hechos. Con lo que un psicomago puede "recetar" actos simbólicos para influir en el inconsciente y, si está bien aplicado, curar ciertos traumas", y añade: "La psicogenealogía parte de la premisa de que determinados traumas y comportamientos inconscientes se transmiten de generación en generación, por lo que para que un individuo tome consciencia de ellos y pueda desligarse de los mismos es necesario que estudie su árbol genealógico". Y acierta, porque esa fue la filosofía de su actuación malagueña.

Tras una parte de charla, en la que mezcló la explicación somera de sus principios teóricos y de su origen con bastantes comentarios cómicos -"¿Será iniciático el fútbol? Andan pateando a Dios, y es un deporte homosexual"-. Algunas conclusiones fueron que existen "ideas locas", como que "las parejas son para toda la vida" -su esposa estaba en la sala-, que las "verdades son relativas" y, quizá más importante, que "es maravilloso estar vivo". Jodorowsky exigió que "tienen que enseñarnos que somos una maravilla". Quien haya leído algo suyo o sobre él ya sabría que el existencialismo no era su vía.

Como paso intermedio para la verdadera razón de su presencia en la sala, aconsejar, Jodorowsky invitó a los asistentes a una meditación: "¿Vives dónde debes? ¿Tienes un espacio propio? Te tienes que desprender de los objetos que no te gustan, son vampiros que te chupan energía. ¿Ganas lo que debes?". Otro lema tras la reflexión: "La felicidad es no tener dependencias".

¿Todos listos para pedir consejo? Alejandro Jodorowsky vino a Málaga para eso, y todo lo demás fue sólo una excusa, un calentamiento. Como previa, su propia experiencia: al chileno le cambió la vida un gurú chino en Nueva York -los ligeros apuntes cosmopolitas dan color a su representación, como las menciones a su reciente encuentro con Nick Nolte en Cannes o aquella vez que aconsejó a Vitorio Gassman, "el famoso actor italiano", quien no siguió sus instrucciones y murió de depresión-.

Una sesión con Jodorowsky, no el intelectual sino el psicomago, es un bálsamo si se dejan los prejuicios en la puerta. La fe, y él insistió sobre ello, es imprescindible para la curación. Fuera dejamos el mundo de la técnica, el de la Educación para la Ciudadanía, y en aquella fría sala de Cajamar encontramos al viejo chamán de la tribu con "respuestas" para todo y para todos los que le pidieran consejo. "Tengo un problema con mi hermana", o "tengo un problema con dos compañeros de trabajo". Eso se escuchó. Él te pide más datos, y se arriesga a anticipar alguna respuesta: "Sois tres hermanos, ¿no?", "Eres de Santiago, ¿verdad?". Acierta, y el público, que ya era suyo, le adora. ¿Y si hubiese fallado? Alejandro Jodorowsky tiene tablas suficientes como para sobreponerse a cualquier traspiés.

Las manos se levantaban, las preguntas casi se pisaban las una a las otras. "Pásenle el micrófono", decía el escritor. Antes de la avalancha, una mujer le regaló lo que parecía una varita mágica. Y es que Jodorowsky transmite magia sobre el escenario. Su actuación no está muy lejos de la de Tom Cruise en Magnolia, un hombre capaz de cambiar el estado de ánimo de cualquier público. Sus consejos son mágicos, pero amables: "Regálale un ramo de flores y una botella de ron" o "Envía cada semana durante tres meses una caja de bombones". Inocente y simpático.

Todos necesitamos ser salvados, pero ¿necesitamos que nos salve Jodorowsky? Una mujer reconoció que no le gusta el mundo. Él le dio una solución, sólo válida para ella, pero los demás sonreímos y por un momento la vida volvió a ser mágica, como en el circo.

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