Arte

La vibrante maestría de Uslé

  • El CAC Málaga exhibe un conjunto de piezas con capacidad para transmitir sensaciones y evocaciones incluso figurativas siendo su lenguaje abstracto

Esta muestra da la justa medida de Juan Uslé, quien en la actualidad es una figura imprescindible dentro los lenguajes pictóricos no-objetivos o abstractos. Su pintura tiene el doble valor de su capacidad para transmitir sensaciones y evocaciones incluso figurativas u objetivas siendo su lenguaje, como decimos, abstracto y, en segundo lugar, constituirse en una pintura que habla de pintura, esto es, habla de las especificidades de la pintura, de sus recursos fundamentales y los resortes con los que se construye como tal, a saber: ritmo, color y composición básicamente.

En este sentido, en su obra se produce en ocasiones una afortunada tensión, ya que parece ilustrar cómo en función de elementos puramente abstractos como el ritmo, la línea y el color pueden germinar sensaciones como la de profundidad, tridimensionalidad, espacio, perspectiva -aquí se muestra sencillamente extraordinario- e indicios figurativos y temáticos, estos últimos también propiciados por el "título como anclaje" que infunde las esperanzas acerca del reconocimiento en la tela de lo expresado en el título.

El de Uslé es un trabajo de exploración e interpelación sobre la raíz abstracta de toda pintura que, al margen de su talante representativo o no representativo, en esencia responde a unos recursos específicos que se usan en un sentido u otro según una finalidad (figurativa o abstracta).

Uslé presenta un conjunto de piezas que se diferencian no sólo en el aspecto formal, sino en el tamaño, de gran formato vertical sus pinturas negras (Soñé que revelabas) y las otras, por lo general, más pequeñas pero más diversas. Los primeros son cuadros muy arquitecturales, monocromáticos, depurados y ordenados, mientras que los restantes son más cromáticos, instintivos y de movimientos gestuales en la mayoría de los casos, algunos de estirpe orgánica o fisiológica y con unos soberbios irisados, aunque en casi todas las piezas apreciamos una cualidad de vibración matérica extraordinaria.

El acertado diseño expositivo exacerba la intensidad de las pequeñas y potencia el dinamismo, la repetición y la variación dentro de lo serial de las grandes. En cualquier caso, nos enfrentamos a una sedimentación y síntesis de lo abstracto a través de distintas vertientes, ya que hay algo de normativo, gestual, tachismo y, especialmente, abstracción pospictórica y de borde duro (hard-edge).

Soñé que revelabas, por sus grandes formatos, produce un efecto envolvente que ayuda a que el espectador quede atrapado, incluso sublimado, tal vez por la búsqueda en lo reiterativo que las dota igualmente de ritualidad y solemnidad. Las piezas de esta serie son un ejercicio dinámico y pautado -un insistente paso de brocha- que juegan con el ritmo creando estratos horizontales en distintos tonos de negros y grises. El espacio es una suma de gestos, de actos y, por tanto, de tiempos: el procesual del devenir de la práctica artística y otro que señala el de nuestro recorrido por la misma con la mirada. No se trata ya únicamente del lienzo como escenario para la acción, como formulara en 1952 Rosenberg, sino de proceso y de duración, tanto de su ejecución como de nuestra recepción y capacidad de vivir la obra.

El carácter evocador y lírico de su obra descansa en la valoración de las calidades de la materia, ya que los espesores ayudan a que queden más copiosas o desvaídas, empleando con carácter expresivo la veladura. Sabio y extraordinario en el manejo y subversión de todo el caudal abstracto, hace desembocar su obra en un espacio de sensaciones e intuiciones: el de la realidad tamizada por Uslé.

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