"El abuso de la sedación puede ser una forma de eutanasia encubierta"

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-La sedación paliativa, ¿es un eufemismo para referirse a la eutanasia o al sucidido asistido?

-No. Si hubiese al respecto la más mínima duda, yo no aplicaría esta técnica a mis pacientes. Hay diferencias muy claras en la intención, en los procedimientos y en los resultados. La sedación paliativa bien realizada no acorta la supervivencia. No buscamos el fallecimiento, que ocurre por la evolución de la enfermedad, sino el alivio de un síntoma o sufrimiento refractario. Tampoco pretendemos alargar la vida, y existe la posibilidad de retirar o no iniciar medidas encaminadas a prolongar una situación sin salida. Esa limitación de esfuerzo terapéutico no tiene nada que ver con la eutanasia. El abuso de la sedación puede ser una forma de eutanasia encubierta, que se evita disponiendo de guías y protocolos y consultando su aplicación a expertos en Cuidados Paliativos. Eso permite aplicarla con garantías donde esté quien la necesite.

-¿La piden los pacientes?

-Cuando les explicamos de qué se trata, desde luego. Pero nuestro comportamiento profesional debe ser exquisito. Hay pacientes que viven su enfermedad rodeados de su familia, y notas que se les quiere. Eso no se improvisa, estoy convencido de que se muere como se ha vivido. Cuando una persona está recogiendo lo que ha sembrado toda una vida, no sería ético privarle de la percepción de ese cariño si tenemos otras alternativas; sólo usamos la sedación si hay un síntoma o sufrimiento imposible de aliviar con otros medios. Incluso podemos recurrir a veces a una sedación intermitente, para que, por ejemplo, duerma profundamente de noche y parte del día, pero algunas horas del día pueda relacionarse con los suyos. Pero si el síntoma refractario impide un mínimo bienestar, o si estar despierto supone un sufrimiento intolerable, la sedación debe ser continua y tan profunda como haga falta. La sedación requiere el consentimiento informado, preferiblemente del paciente, y para eso necesita ser informado. Hay que averiguar qué sabe y qué quiere saber, y eso se hace dedicando tiempo, preguntando y ofreciendo la posibilidad de que comente sus preocupaciones. Si el paciente prefiere no saber, debo respetarlo, y obtener el consentimiento de su familia.

-¿Hace falta en Andalucía una ley como la de Muerte Digna?

-Hay quien critica que no aporta nada nuevo. Yo ya estoy viendo frutos. La recopilación normativa facilita a los profesionales conocer efectivamente cuál es el marco legal en el que se mueven. Además, la repercusión mediática de la iniciativa ayuda a profesionales y público en general a conocer mejor cuestiones como la limitación de esfuerzo terapéutico, la sedación paliativa, la voluntad vital anticipada y acercarse a la cultura de los cuidados paliativos.

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