La amenaza de la radiación continúa acechando Chernobil 25 años después

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Cuando se cumplen 25 años del mayor desastre nuclear de la historia de la humanidad, la amenaza invisible de la radiación dista mucho de ser un capítulo cerrado. En las áreas limítrofes a la central nuclear que construyó la extinta Unión Soviética en Ucrania, incluso aquellas que no se encuentran en la zona de exclusión, ubicada a poco más de 100 kilómetros de la capital Kiev, los niveles de radiación continúan siendo elevados.

Los habitantes están constantemente expuestos a la radiactividad desde hace años. De hecho, aunque no se han efectuado estudios médicos acerca de qué efectos tiene sobre su salud el contaminado entorno, en localidades como Bucha, Ivankiv entre otras muchas, el número de casos de cáncer o de enfermedades derivadas de la debilidad de su golpeado sistema inmunológico es anormalmente alto, tal y como explica Santiago Camacho en su último libro Chernóbil, 25 años después.

Este periodista y escritor español viajó a Ucrania en 2010 y cuenta en su libro la cotidianidad de las víctimas, hostigadas por un fantasma latente que les arrebata cada día un poco de vida, aunque también acerca al lector a la mentalidad de un pueblo lleno de dignidad, cuya historia está marcada por el sufrimiento, por la guerra, el hambre y para el que Chernobil fue el colofón de muchas desgracias.

En una entrevista, Camacho afirmó que la reciente catástrofe en Japón "vuelve a traer a la conciencia que Chernobil es algo vivo". A diferencia de lo que la inmensa mayoría puede creer, las tareas de desmantelamiento continúan. "Realmente el público pensaba que Chernobil ha acabado. El drama humano sigue vivo, pero es que siguen trabajando casi 4.000 personas en la planta. Siguen haciendo reparaciones", dijo Camacho.

Y es que la planta "todavía emite radiación, y seguirá haciéndolo los próximos 25.000 años", que es el tiempo de vida media de algunos de los isótopos con los que está contaminada la zona. A sólo 150 metros de la central, el sarcófago del reactor número 4, cuya explosión tuvo lugar la madrugada del 26 de abril de 1986, "no es una estructura estanca", aseguró.

Aunque se está construyendo un nuevo sarcófago para el reactor, es poco probable que el Gobierno de Ucrania pueda hacer frente por sí mismo a los elevados costes. Recientemente el Ejecutivo en Kiev demandó ayudas a la comunidad internacional al tiempo que anunció proyectos para rehabilitar las zonas contaminadas y resucitar sus economías con la ubicación en la zona de empresas.

En alusión a lo que está ocurriendo en Fukushima, Camacho aseguró que "se ha calificado como un Chernobil a cámara lenta ya que se están repitiendo los pasos e inevitablemente habrá una zona de exclusión". Evidentemente, señaló, "Japón no es la URSS. Tiene unos medios tecnológicos y económicos impresionantes. Eso ha salvado ya seguramente vidas. Los medios con los que contaba la antigua Unión Soviética eran absolutamente precarios: apenas disponían de mascarillas ni de trajes ignífugos. Los llamados liquidadores fueron a una operación suicida, algo que la mayoría ignoraba. Según las estimaciones, "se sacrificaron entre 200.000 y 300.000 vidas".

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