El milagro del 'Opportunity'

  • La sonda de la NASA construida para una misión de 92 días cumple ocho años rodando por la superficie de Marte y se mantiene firme a pesar de algunos achaques

La sonda Opportunity fue construida para una misión de 92 días. Pero ocho años después sigue rodando por la superficie de Marte y se ha convertido en uno de los mayores éxitos de la historia reciente de la NASA.

El pequeño vehículo robótico continúa buscando restos de antigua presencia de agua en el Planeta Rojo y entusiasma a los científicos con sus descubrimientos. Cuando en 2004 llegó a Marte junto a su gemelo Spirit, no se le daban más de 92 días de vida (90 en la Tierra). Cada hora más en servicio sería un regalo, apuntaron entonces sus responsables en la Agencia Espacial Estadounidense (NASA).

El responsable del proyecto, John Callas, no necesita calcularlo: cuando el 25 de enero se cumplieron ocho años del aterrizaje de Opportunity, el pequeño vehículo celebró su día 2.805 en Marte. Y ha hecho honor a su nombre (Oportunidad). Según Callas, para quien la misión es una de las más exitosas de la NASA, Opportunity ha emocionado hasta el punto de que todos "quieran saber más sobre el Planeta Rojo".

Ante esta trayectoria no es de extrañar que Callas y su equipo celebraron el cumpleaños con una tarta. Henchidos de orgullo pero también algo melancólicos, después de que Spirit tuviera que abandonar la misión en mayo del año pasado. Tras un viaje de 7,7 kilómetros, quedó atascado en la arena y la comunicación quedó interrumpida.

Entretanto, y a pesar de algunos achaques propios de su edad, el Opportunity cubrió ya un trayecto de 34,4 kilómetros. Una de sus seis ruedas se estropeó por lo que ahora camina hacia atrás. Y además sufre algo parecido a la artrosis: una de sus articulaciones sólo puede moverse con limitaciones.

También algunas de las herramientas que el Opportunity trasladó desde la Tierra acusan los estragos del tiempo, explica Callas. Así, un espectómetro para la investigación de partículas de polvo magnéticas y de piedras ferrosas no funciona ya tan bien como en los primeros años. "Pero en general Opportunity se mantiene en un asombroso buen estado", apunta Callas.

El Rover fue lanzado el 7 de julio de 2003 para buscar minerales en piedras o en el suelo que pudieran haber sido depositados por actividades relacionadas con el agua: precipitaciones, sequías o procesos hidrotermales. Opportunity se reveló desde el principio como un magnífico imán para la buena suerte, en el más preciso sentido de la palabra. En su aterrizaje en la zona Meridiani Planum fue a dar en un pequeño cráter e hizo saltar de alegría a sus responsables con unas espectaculares imágenes panorámicas y fotografías de extraños estratos de rocas. Tras ese aterrizaje triunfal, el viaje continuó de cráter en cráter durante casi dos años, hasta la llegada a Victoria y a punto estuvo de fracasar en medio de una cascada de arena. Opportunity investigó durante dos años el cráter, desde sus bordes hasta el interior, enviando fotos y datos.

Desde agosto de 2001 se encuentra en el cráter Endeauvour, un objetivo al que ninguno de los expertos de la NASA pensó nunca que llegaría. Las rocas de ese cráter parecen ser más antiguas que las de otros lugares visitados antes por el robot. Las imágenes tomadas por el Mars Reconnaissance Orbiter hacen pensar que los depósitos sedimentados allí se habrían formado en una época marciana anterior.

En diciembre, el Opportunity dio por sorpresa con un filón mineral, procedente muy probablemente de sulfato de calcio sedimentado a partir de agua. "Éste es el tipo de descubrimiento que hace saltar a los geólogos", apunta Steve Squyres, uno de los investigadores del proyecto.

Ahora, en pleno invierno marciano, el Opportunity se ha acuartelado en el borde del cráter, con un ángulo inclinado de 15 grados, para poder captar la mayor cantidad posible de energía solar. Pero ni siquiera ahora cesa su actividad por completo: desde su posición recopila información sobre la rotación del planeta.

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