"Cada vez resulta más difícil encontrar buenos temas"

  • El programa de reportajes en primera persona de Cuatro estrena su cuarta temporada conviviendo con una comunidad menonita que vive como hace cien años.

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Los reportajes en primera persona de Adela Úcar regresan a Cuatro. 21 días vuelve a la parrilla de los lunes con un reportaje que promete dejar a muy pocos indiferente.Y es que la joven reportera ha convivido durante tres semanas con los miembros de una comunidad protestante que residen en México, los menonitas, y que se caracterizan por vivir alejados de cualquier avance de los que forman parte de nuestro día a día, como los coches, la luz eléctrica, el agua corriente o el teléfono.

"Cada vez nos resulta más difícil encontrar buenos temas. Llevábamos mucho tiempo detrás de un reportaje de este tipo. Habíamos intentado hacer algo con los amish, pero teníamos la dificultad del idioma, porque comunicarnos en inglés no tendría sentido para el programa. Cuando supimos de la existencia de los menonitas en México vimos la oportunidad de hacer este reportaje que tanto nos atraía", dice Adela al tiempo que explica que el equipo de investigación del programa, tras meses de trabajo, pudo mantener el primer contacto a través de una quesería regentada en Mexico por uno de los miembros de esta comunidad. "Son muy poco dados a comunicarse y, además, no tienen internet ni teléfono, por lo que dar con ellos ha sido toda una odisea".

El equipo acababa de terminar el rodaje de un 21 días en las minas de oro en Perú cuando recibió la llamada del programa diciéndoles que los menonitas habían dado el visto bueno a la grabación del reportaje, por lo que tanto Adela como el resto del equipo decidió suspender su viaje de vuelta a España para iniciar otra aventura en México. "Sólo sabíamos que habían aceptado nuestra visita, pero poco más", explica la reportera. Y añade que antes de comenzar a grabar cada reportaje "mi cabeza me da mil vueltas al pensar lo que me puede llegar a pasar, porque siempre reflejas realidades que nada tienen que ver con tu día a día; son 21 días en los que estás inmersa en un mundo desconocido. Debes entender cada cosa que pasa en el entorno en que se plantea y plasmar qué te emociona o te preocupa en cada momento. Éso es lo que tiene transmitir en primera persona, aunque a veces no sabes hasta qué punto te puede llegar a afectar una experiencia de este tipo".

A pesar de que tenía ciertas reticencias a la hora de acceder a esta comunidad, cuyos miembros reciben como una amenaza todo cuanto llega del exterior, Adela asegura que se sintió muy bien acogida. Tanto es así que asegura que probablemente éste ha sido su 21 días "más fascinante y una de las vivencias más intensas".

"Cuando llegué creí que me iba a sentir juzgada por tener otra mentalidad, que me verían como una fresca o que me intentarían convencer de que su forma de vida era la mejor, pero me equivoqué. Nos dieron libertad absoluta y nos dejaron meter las narices donque quisimos. Se sentían felices de tenernos allí, supongo porque sabían que nuestra estancia era relativamente corta", explica.

Lo que más le ha llamado la atención de sus 21 días de convivencia con los menonitas han sido los niños. "Nos veían como un entretenimiento y posaban cuando veían nuestra cámara de vídeo como si se tratara de una de fotos. En sus ojos podías ver sus ganas de saber del exterior, algo que no pasaba en los mayores. Además, me preguntaban que cómo se decían cosas en inglés para poder comunicarse por carta con los miembros de otra comunidad menonita que reside en Canadá, donde los niños sí tienen contacto con el exterior porque deben acudir al colegio fuera de su comunidad".

En esta primera temporada, Adela convivirá, además, con familias de mineros que buscan oro en Perú y con personas que, por su afición al juego, se han convertido en adictos.

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