Joubert, herido menos grave

  • El novillero francés sufre una cornada en los testículos · Luis Martín Núñez y Javier Cortés, que debutaba, tuvieron actuaciones discretas en un festejo sin apenas contenido artístico ni trofeos

GANADERÍA: Cuatro novillos de José Luis Pereda y dos -primero y cuarto- de La Dehesilla, de la misma casa ganadera. Encierro bien presentado en conjunto, y de desiguales hechuras y juego. Los de mejor condición fueron el noble cuarto y el manejable quinto. TOREROS: Luis Martín Núñez, de azul y oro con remates negros. Estocada caída (vuelta). En el cuarto, pinchazo, media y dos descabellos (saludos tras aviso). En el sexto, que estoqueó por Tomasito, estocada chalequera (silencio). Javier Cortés, que hacía su presentación, de verde y oro. Pinchazo y estocada (saludos). En el quinto, dos pinchazos y media (silencio). Thomas Joubert 'Tomasito', de lila y oro. Casi entera (silencio). En el sexto fue cogido. Tomasito fue asistido de una "herida inciso-contusa en bolsa escrotal derecha, con evisceración del testículo y que penetra en la bolsa testicular izquierda contundiendo el cordón espermático y el testículo del mismo lado. El sondaje uretral demuestra una orina clara y limpia. Se exploran posibles trayectorias ascendentes sin encontrar ninguna. Se realiza limpieza y sutura, colocando un drenaje en cada bolsa. Se traslada a la Clínica Sagrado Corazón. Pronóstico menos grave". Incidencias: Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. Domingo 4 de octubre de 2009. Novillada fuera de abono. Un cuarto de entrada.

Miope siempre se hizo el cegato. Le costaba ir a los engaños; en otras ocasiones se quedaba muy corto y a veces medía. Pero su condición, mala, nada tenía que ver con su vista. Certero como él solo, en un abrir y cerrar de ojos, Miope le infirió una terrible cornada a Thomas Joubert, un novillero francés de 19 años, que repetía en la Maestranza tras su buena presentación del pasado 20 de septiembre. Fue una cornada relámpago, en un arreón traicionero y con un hachazo tremendo. El negro mulato de Pereda lo enganchó en un natural y cuando el novillero caía, con su cabeza a punto de estrellarse contra la arena, el astado, con gran potencia de cuello y metiendo los riñones, le recogió con su cuerno izquierdo y elevó de nuevo al cielo, metiéndole el pitón en el escroto. Desde el tendido hubo una exclamación de horror y el ¡uyy! sonó como un chasquido seco, que resquebrajaba la tarde.

Hasta entonces, Thomas Joubert, que antaño se anunciaba como Tomasito, porfió en un trasteo en el que resultaba imposible el lucimiento artístico por las citadas cualidades de su oponente. Martín Núñez, el espada que abría plaza, despachó al novillo de un sablazo. Y el público salió de la plaza desolado, con otro sablazo, una puñalada en el pecho, angustiado por el estado del torero arlesano, al que las asistencias llevaban en volandas camino del quirófano.

El cierre de las novilladas picadas en la temporada sevillana fue sumamente deslucido, con un encierro desigual de Pereda, en la vertiente de sus dos hierros -La Dehesilla (primer y cuarto novillo) y José Luis Pereda-. Los de mejor condición fueron el noble cuarto y el manejable quinto. Tomasito no había tenido suerte con su primero, un ejemplar manso y paradísimo, de embestidas descompuestas. El torero galo, bien colocado, dando distancia, tiró del animal. Fue una labor voluntariosa, con excesivos enganchones.

El sevillano Martín Núñez y el madrileño Javier Cortés -que se estrenaba en el coso del Arenal- dieron mejor medida con los oponentes más dificultosos. Del primero, ya lo dije sobre la actuación de su debut, destaca su buen concepto, pero le falta rodaje, lo que incide en su técnica y en su toreo. Del segundo hay que tener en cuenta que ayer derrochó arrojo a raudales con su primer oponente.

A Martín Núñez le costó confiarse con el manso primero. Cuando lo hizo y le tapó la cara logró una buena tanda con la diestra en una labor con destellos, como una pase de pecho inmenso. Mató de una estocada caída. La cosa no fue para la vuelta al ruedo que se marcó por su cuenta, arropado por unos partidarios que llegaron incluso a solicitar, de manera desmedida, una oreja. Con el cuarto, un animal muy flojo, pero noble, consiguió una serie por cada pitón, destacando la del toreo al natural. Faltó más contundencia en la faena, que remató mal con los aceros.

Javier Cortés tragó lo indecible con su primero, un novillo incierto, que se le coló en un par de ocasiones en la capa y que en la muleta llegó a levantarle los pies en otra e incluso engancharle. El torero, esforzado, fue prendido al entrar a matar en una estocada de vergüenza torera, tras un pinchazo.

Con el manejable quinto, Cortés dio muchos pases sin que calaran en el tendido para cerrar su labor, sin brillo alguno, con un arrimón. Estuvo desacertado con la espada.

La sangre corrió ayer en la Maestranza. Esa fue la lamentable noticia que tiñe de rojo esta crónica. Sangre de un joven novillero. Triste tributo que se sumó a esa carga tremenda que ha convertido la temporada 2009 en una de las más sangrientas de los últimos años.

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