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Peajes de una gesta

  • El Unicaja, falto de chispa y escaso de fuerzas tras llegar a la final de la Eurocup, se derrite ante un Movistar liderado por un imponente Edwin Jackson (27 puntos)

Jeff Brooks pelea por un rebote con Ondrej Balvin. Jeff Brooks pelea por un rebote con Ondrej Balvin.

Jeff Brooks pelea por un rebote con Ondrej Balvin. / fotos: acb photo / m. pozo

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Los ingredientes para un tropezón del Unicaja estaban puestos. Poco más de 36 horas de margen con el anterior partido, bajada de tensión tras un logro histórico como conseguir el pasaporte a una final europea, escasez de fuerzas y fatiga mental, un rival con el mejor anotador de la competición que era un ex sediento de reivindicarse... Y llegó la derrota (66-78) ante un Movistar Estudiantes que perdonó por un tiempo al equipo malagueño, pero que lo acabó acribillando con un tridente encabezado por Jackson más otro ex cajista, Omar Cook, y otro que anduvo cerca de serlo el pasado verano (Ondrej Balvin) más el interesante Vicedo.

Tras seis victorias seguidas llegó la derrota, humanamente comprensible, aunque los mensajes de Plaza y los jugadores tras el partido fueron de autoexigencia y de repeler excusas, gustó escucharles. Es también un aviso de lo que, ojalá, esperará el año que viene si se consiguiera el billete para la Euroliga. Sin tregua para preparar partidos de ACB, tras viajes largos y hasta dos partidos intersemanales. Es el ritmo al que ha jugado en el último mes el Unicaja, con ocho partidos en 21 días. Es una buena manera de cribar también quién tiene la capacidad física y mental de ser regular en esta vorágine. No debe mermar el estado de confianza que atraviesa el equipo, por más que la ausencia de Musli es un problema serio en el ataque estático para generar juego. Los minutos de Viny, ansioso, no dan pie aún a que gane más protagonismo. Sin Lafayette en la rotación, son 10 los jugadores, más Viny, con los que cuenta ahora Plaza.

En fin, el Unicaja iba quinto, podía ser tercero si ganaba y cayó hasta la séptima plaza de la Liga Endesa, maravillosamente igualada y con mucha tela por cortar. Si el peaje de una gesta como una final europea es éste, no obstante, queda sobradamente amortizada la derrota ante un Movistar Estudiantes que tiene motivos para pensar que es posible el play off. La final de la Eurocup puede costar alguna derrota más en la ACB, pero tampoco se puede abandonar la competición regular. Es una buena noticia el descanso de esta semana, pero hay que optimizarlo y no destensarse.

El Unicaja dominó en algún momento del primer cuarto (7-4), pero rápidamente el Movistar Estudiantes cogió un liderazgo que ya no soltaría más en todo el encuentro. Fue ganando todos los cuartos (16-17 el primero) el equipo de Maldonado, cuñado de Joan Plaza, que admitía tras el partido que esperaba a un Unicaja algo saturado por el sobreesfuerzo. Amagaba con tirar del carro Smith, después salió un Nedovic que quiso mostrar carácter. También Díez, en una línea de un nivel regular alto, reboteó con fiereza y Omic hizo más números que impacto real, porque Balvin le produjo bastante daño.

La sensación era que el Movistar la estaba perdonando la vida al Unicaja, que sólo había sumado dos puntos, a través de Nedovic, cuando se habían jugado seis minutos del segundo cuarto. Pero ya al final del periodo había pegado un estirón el Movistar (25-37).

Tenía dificultades para anotar el Unicaja, los espacios que generaba no eran aprovechados con buenos pases de circulación. También leía mal la defensa, mejoradísima en el último mes, los ataques estudiantiles por la parte central. El equipo madrileño fue creciéndose y creyéndose cada vez más el triunfo. Superaba la barrera de los 10 puntos, aunque el Unicaja la bajaba en ocasiones, en un equilibrio frágil que amenazaba con romperse. El rebote de ataque salvaba problemas, pero no se adivinaba una implosión rival ni un subidón malagueño. Balvin martirizaba y dejaba un catálogo de mates en continuación.

Todo parecía visto para sentencia, ya en el cuarto final, cuando Vicedo anotaba y ponía 16 puntos de renta para el Movistar (50-66). Pero el Unicaja tuvo un último arrebato. Parcial de 10-0 en apenas dos minutos y el Carpena encendido sobre los rescoldos de la fiesta del otro día. Apuró algo más y se colocó a cuatro punto tras dos canastones de Nedovic, dividiendo la defensa madrileña, que fue agresiva para salir lejos y conceder pocos tiros sencillos, consciente de la falta de generación de juego interior sin Musli. Con 64-68 a falta de cuatro minutos hubo motivos para creer en el triunfo. Pero Edwin Jackson, hipermotivado, metió un triple cuando se acababa la posesión que heló. Se perdió un balón, Nedovic falló un triple para repeler y Cook no perdonó para que su equipo regresara a la decena de puntos de ventaja.

Fue la capitulación de un Unicaja que perdió un partido valioso para la ACB pero que mostró cierto orgullo. Si no tiene consecuencias mentales más allá, la derrota se acepta. Son peajes de las gestas.

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