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Peligro de derrumbe

  • El Unicaja ha encallado antes del tramo determinante de la temporada

  • Se reciben 89.5 puntos de media en las últimas semanas

  • El futuro de Plaza, una cuestión que puede distraer

Joan Plaza y Alberto Díaz dialogan durante un partido. Joan Plaza y Alberto Díaz dialogan durante un partido.

Joan Plaza y Alberto Díaz dialogan durante un partido. / javier albiñana

A finales de marzo el Unicaja parece fundido psicológica y físicamente. Tras hacer una más que digna Euroliga, a la que le quedan dos brochazos sin posibilidad de clasificación ante potenciales equipos de Final Four, y con la perspectiva de ponerle nota a la temporada según lo que acontezca en la ACB, la situación empieza a ser preocupante. Las dos últimas derrotas en la Liga Endesa, ante Fuenlabrada y Betis, dejan al equipo más cerca del noveno clasificado que del cuarto. El anhelado objetivo de estar entre los cuatro mejores y adelantar a los rivales más claros por regresar a la Euroliga, Valencia y Gran Canaria, se ha complicado a 10 jornadas del final de la temporada regular.

Y las señales son malas. Aconteció algo parecido en la temporada 2014/15, cuando el Unicaja fue líder durante la mitad de la temporada, que entre abril y mayo atravesó un bache importante del que se recuperó hasta colocarse a muy pocos metros de alcanzar en la final de la ACB. Apenas queda de aquel equipo Carlos Suárez en el plantel. Son actores diferentes. Pero hay una situación de fondo distinta que no es baladí. Joan Plaza no tiene contrato para la próxima temporada. Es algo sobre lo que ya se habló a comienzos de temporada. Durante la Copa del Rey se informó en estas páginas de que la idea del Unicaja era acometer la renovación de su entrenador para el siguiente ejercicio. Se está satisfecho con su trabajo, con la estabilidad que ha ofrecido. "Pero al final vivimos de los resultados", advertía un alto cargo del club.

Las palabras de Joan Plaza la semana pasada en TV3 en las que se dejaba querer por el Barcelona hay que encuadrarlas en ese contexto. Es un deseo perfectamente legítimo y comprensible, pero verbalizado cerca de que se acabe su contrato cobra otra dimensión. El entrenador ya ha mandado señales públicas de su predisposición a renovar, a seguir moldeando el proyecto del Unicaja. Ha sorteado situaciones complicadas en sus casi cinco años en Málaga, pero en esta no hay una red en forma de contrato que le respalde a final de temporada. Era rescindible tanto por su parte como por la del club en ejercicios anteriores. Cierto es que hasta que llegaba el 10 de julio había cierta zozobra porque se exploraban opciones de mercado. En Sevilla tuvo una reacción poco habitual en él en la sala de prensa que denota algo de nerviosismo.

Ahora no hay esa red. Y tampoco los jugadores tienen la certeza de que su jefe seguirá siendo el mismo. De momento, en las últimas semanas ha habido una caída evidente en el punto más fuerte del equipo. En los últimos seis partidos se han encajado 89.5 puntos de media. Es verdad que se ha seguido compitiendo los partidos, que el equipo no ha bajado los brazos y que se ha aumentado la anotación. Pero la evidencia es que el Unicaja gana más partidos cuando se juega con tanteos más bajos, cuando se marca el ritmo del encuentro desde la mejor defensa de la ACB durante un gran trecho de competición. Encajar casi 15 puntos más por encuentro de lo que se promedia tiene consecuencias. Y fiarlo todo al triple, como se hizo en Sevilla, no parece una buena solución.

Se ha caído una pieza importante como Shermadini, pero es algo que ha sido una constante en los equipos de Euroliga. De hecho, el Unicaja ha sido el más respetado por las lesiones en comparación con Barcelona, Madrid, Valencia y Baskonia. Todos han tenido lesiones repetidas de larga duración. La de Shermadini es la primera baja que supera las tres semanas en toda la temporada.

Quedan 10 partidos para acabar la temporada regular, para colocarse en la parrilla de salida en el play off. Objetivamente, ahora hay que fijarse más en el retrovisor que en el horizonte. De fondo, esa renovación pendiente (o no).

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