Mujeres en alquiler, hijos a la carta

  • La red estatal contra el alquiler de vientres convirtió ayer la plaza de la Constitución en un mercado de posibles madres para denunciar lo que consideran otra forma de violencia de género

Una subastadora con un micrófono en mitad de la plaza de la Constitución pregonaba las virtudes de mujeres sanas que ofrecían sus vientres en alquiler. Ellas, como si de mercancías se tratase, portaban un cartel en el pecho con su precio y sus condiciones mientras esperaban la puja. A su lado, un par de mesas exhibían catálogos de madres e hijos en el singular mercado. Con este teatro de calle, la red estatal contra el alquiler de vientres (Recav) en Málaga quiso dejar patente su "denuncia de la maternidad subrogada, que no es una técnica de reproducción asistida sino una práctica de violencia y explotación contra las mujeres", comentó Pilar Iglesias Aparicio, portavoz de la plataforma.

Aunque es una práctica ilegal en España, unos 1.000 niños entran en el país por esta vía. "Hacen el proceso en otros países, en algunos estados de EEUU donde es legal, en India se ha estado haciendo mucho aunque ya ha salido una ley que solo se permite con personas del propio país y ahora se está dirigiendo muchísimo a Ucrania, en un hotel las tienen recluidas durante el periodo de embarazo", explicó la portavoz de Recav Málaga. A pesar de tener las leyes en contra, en internet se anuncian "sin ningún pudor las agencias que negocian con la maternidad subrogada", explicaron.

Unos 1.000 niños llegan a España por esta vía a pesar de ser una práctica ilegal

Y las frases que utilizan como reclamo, los servicios estándar, los VIP, los tratamientos económicos, el servicio de canastilla, de intérprete, de recogida y de hotel en el país en el que se hace esta práctica son las que ayer se escucharon en la acción de protesta. "No estamos exagerando nada, sino jugando a teatralizarlo, hay distintos precios y servicios pero del importe la mayor parte va para las agencias y las clínicas que van a someter a estas mujeres sanas a unos procesos de reproducción asistida para que puedan ser embarazadas sin aportar su propio óvulo", apuntó Pilar Iglesias. "Se hace un atentado también a su salud, porque el proceso con su propias células sería menos agresivo y ellas de todo esto se llevan una cantidad ínfima", agregó. Entre 35.000 y 80.000 euros suelen pagar los "compradores" por todo el proceso.

También denunciaron desde la Recav que los contratos "tiene todos los derechos para la parte compradora y prácticamente ninguno para las mujeres salvo el cobro final". Estos documentos incluso establecen "el tipo de vida que tiene que tener la gestante durante el embarazo, si cambian de pareja han de garantizar que esté sana, en muchos casos se marca incluso la práctica sexual que pueden tener o no", añadió la portavoz. Pero no contemplan en ningún caso algún tratamiento posterior al parto, tanto físico como psicológico, ni que la madre biológica pueda cambiar de opinión, abortar o quedarse con el bebé porque "tienen penalizaciones altísimas, por lo que quedan comprometidos los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres", indicó Iglesias. Igualmente apuntó que, además de los sometimientos a tratamientos hormonales, a embarazos múltiples y cesáreas, los contratantes pueden decidir que se aborte de uno si prosperan dos embriones, por lo que la mujer se tiene que someter a una técnica que se conoce como reducción que puede tener riesgos de hemorragia.

"Entendemos que hay prácticas que implican una brutal explotación, opresión, dominación y negación de derechos humanos", comentaron desde la Recav Málaga. "Aunque la persona dice que lo elige libremente en la mayoría de los casos es por causas de necesidad económica", agregaron y señalaron que "no estamos criticando una decisión individual, si no que nos posicionamos en contra de los sistemas de opresión que una y otra vez se inventan formas de explotación y violencia, además de denunciar que hay intereses económicos muy importantes detrás de la maternidad subrogada". Según la Recav "un deseo no es ni una necesidad ni un derecho, más aún cuando pasa por el sometimiento de otra persona".

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