Formas de desaparecer

  • La argentina Mariana Graciano publica 'La visita', un conjunto de cuentos sobre la cuota inexplicable de la vida y la presencia de la muerte que llega avalado por Antonio Muñoz Molina.

La visita. Mariana Graciano. Demipage. Madrid, 2013. 117 páginas. 16 euros.

En La visita, el relato que da título al primer libro de Mariana Graciano (Rosario, Argentina, 1982), una familia percibe una luz inquietante moviéndose en la oscuridad profunda de la noche. En la cotidianidad que describe la autora se abre siempre una puerta a lo inexplicable, a lo perturbador: un parque de juegos puede acoger un momento de súbita violencia; la escalinata donde dos niñas fantasean con ser princesas no es sino una parte de una funeraria que se está construyendo; una mujer adorable esconde, tal vez, un pasado como criminal de guerra. En este conjunto de cuentos, que la escritora presenta este martes, a las 19:00, en la Fnac Sevilla, Graciano quería explorar "formas de la desaparición. Ése fue el hilo conductor de los cuentos mientras escribía. Esto de estar en un minuto y no estar al minuto siguiente es una de las experiencias más cotidianas que nos atraviesan como personas, pero al mismo tiempo nos resulta completamente ajena, inexplicable. La muerte nos resulta desconocida cada vez, aunque sea la cosa más certera del mundo", expone la narradora sobre un libro, editado por Demipage, que cuenta con un prólogo de Antonio Muñoz Molina.

Asegura Graciano, sobre el título de su obra, que "la idea de estar de visita implica cierta familiaridad con el entorno, pero al mismo tiempo un grado de extrañeza, de no pertenencia. Se está de paso". Esa impresión se puede trasladar al proceso de composición de estos cuentos: su creadora estaba "físicamente en Nueva York escribiendo, pero al mismo tiempo estaba en Argentina". No sólo por la Historia que se vislumbra como trasfondo de los personajes (se cuenta, por ejemplo, un saqueo a un supermercado), sino en las expresiones y el lenguaje que utiliza dentro de un estilo austero y extrañamente poético. "Las historias transcurren en Argentina y sería rarísimo e inverosímil escuchar a los personajes hablando de otra manera que no fuera esa. Me interesa mucho la oralidad, los distintos usos del lenguaje. Fui estudiante de lingüística y durante varios años trabajé haciendo transcripciones. Al tener que transcribir lo más fielmente posible lo que escuchaba, aprendí mucho, cuando empecé a darme cuenta de cuán distinta era realmente la forma en que nos expresamos oralmente a la manera en que escribimos. La literatura siempre trabaja sobre una convención bastante ficticia sobre cómo hablamos. Me gusta la idea de ser lo más fiel posible al habla", comenta la escritora.

La participación de Muñoz Molina en el libro no se limita al prólogo: el reciente Premio Príncipe de Asturias de las Letras dio clases a Graciano en un máster de escritura creativa en la New York University, de donde surgieron algunos de los relatos. "Tener a Antonio como profesor fue muy interesante, sobre todo por lo que nos transmitió sobre el oficio de la escritura", valora. "Constantemente nos estimulaba a ir a ver exposiciones, películas, cosas que estaban pasando en la ciudad. En ese sentido Nueva York es fabulosa porque siempre hay algo para ver. Antonio nos ayudó a quitarnos de la mente esa idea de que el escritor crea aislado en su habitación donde nada lo perturba ni lo distrae. Al contrario, es dejándose perturbar por lo que le pasa al vecino que uno encuentra las historias más jugosas", opina la autora.

La alusión al vecino no parece casual. En el primer cuento de La visita un hombre contempla desazonado el comportamiento irracional del inquilino de un piso cercano, una actitud cuyos motivos nunca se aclaran. Desde el principio, Graciano parece invocar a un lector cómplice que complete con su imaginación lo contado. "A nadie le gusta leer cuentos que vienen con explicaciones incluidas. Me gusta mucho trabajar los cuentos como fotos. Quizás porque muchos parten de recuerdos y cuando recordamos nunca recordamos una narración completa, lineal y coherente de principio a fin, sino pinceladas, vestigios. Y al mismo tiempo tenemos imágenes sensoriales muy potentes. Cuando escribo un cuento busco encontrar esos flashes, esos destellos de nitidez que son suficientes para atrapar el núcleo de una historia", analiza.

En muchos de los relatos, Graciano utiliza la mirada de un niño. "En cada cuento hay algún momento en que un personaje, dentro de un contexto muy familiar, se enfrenta a una situación desconocida. En ese sentido, los niños me permitieron poder ver ciertas escenas por primera vez", dice una escritora que contempla la infancia lejos de ese cliché de la inocencia con el que habitualmente se asocia.

La visita es el primer libro de Graciano, pero ¿define bien los caminos por los que se mueve su obra? ¿Cómo es Mariana Graciano, por ejemplo, como poeta? "Lo estoy descubriendo todavía. Disfruto mucho al escribir poesía, sobre todo porque me permite trabajar con esa brevedad de la foto de la que hablaba antes. Pero todavía no sé cuáles serán los caminos en los que me moveré. De hecho, es mi primer libro, todavía no puedo ni hablar de obra", concluye.

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