"El espionaje siempre tiene algo de Mortadelo, lo hemos visto con Wikileaks"

  • Benjamín Prado narra en 'Operación Gladio' la participación de la CIA en capítulos decisivos de la Transición española

Aunque "nadie se ha puesto de acuerdo, ha sido una coincidencia", se han incorporado en las últimas semanas a la oferta de las librerías varios títulos que revisitan la Transición: a Todo está perdonado, de Rafael Reig, y El día de mañana, de Ignacio Martínez de Pisón, se suma ahora Operación Gladio, de Benjamín Prado, una obra que indaga en la estrategia desestabilizadora que promovió la CIA en Europa para evitar la expansión de la izquierda por Europa y que jugó un importante papel en los primeros años de la democracia española. Para el autor madrileño, es "lógico" que su generación esté reescribiendo el pasado. "Está bien que quienes vivieron las cosas más controvertidas de la Historia escriban sobre ello, pero también que lo hagan quienes por edad ya no tienen heridas, no hay en ellos dolor autobiográfico. Cuando uno analiza desde una cierta distancia, se ve mejor, hay más perspectiva", opina.

Operación Gladio (publicada por Alfaguara) es "una novela de espías" y en consecuencia Prado se preocupa por captar "el aroma de un tiempo" más que detenerse en "fechas y datos, porque no soy Paul Preston". Pero el escritor de Mala gente que camina narra cómo "el pastel envenenado que era España se convierte [tras la muerte de Franco] en una tarta de la que todos quieren un trozo". Y, añade Prado, "la historia del siglo XX, y me temo que la del XXI, es que cuando todo el mundo quiere meter la cuchara, la cuchara más grande es la de Estados Unidos, la de la CIA". Así, la obra señala que la agencia norteamericana "toleró" acontecimientos como el asesinato de Carrero Blanco y "financió" los asesinatos de los abogados laboralistas de Atocha. "Los servicios de espionaje son una especie de dictadura portátil, en vez de radicar en un Palacio del Pardo, en una Casa de la Moneda o en una Casa Rosada, es una dictadura ambulante. Hoy montamos un atentado en Chile, mañana cometemos unos crímenes en Europa... De eso trata la novela, de esa especie de dictadura portátil que la CIA llevó por toda Europa", resume el narrador, que añade que "el espionaje siempre tiene algo de Mortadelo y Filemón, acabamos de verlo con el caso Wikileaks. Siempre hay mucha improvisación y mucho espía de tebeo. Pero ocurre como con las dictaduras: tiene una parte grotesca, patética, pero la otra mitad es crimen, abuso de poder, cárceles y tortura".

Es una periodista, Alicia Durán, la que comenzará la investigación, un personaje con el que Prado defiende que buscar la realidad que se oculta tras la verdad oficial puede ser peligroso. "Alguien pensará que se está exagerando, pero hay que recordar que en lo que llevamos de siglo XXI se ha asesinado a casi mil periodistas", detalla.

Operación Gladio también reflexiona sobre la memoria histórica, con la inclusión en la trama de una mujer que busca los restos de su padre, un impresor republicano cuyo cadáver está en el Valle de los Caídos. Prado piensa que "reclamar los restos de alguien no es política, es un asunto familiar" y considera que "el Estado no va a esclarecer nada, creo que están esperando que esos perdedores de la Transición se mueran".

Y en ese escenario no salen bien parados los jueces. "Creo que son los grandes chalados de este país. Cada día uno lee en los periódicos algunas sentencias demenciales, como cuando un tipo ha matado a su mujer de 36 puñaladas y el juez no entiende que haya ensañamiento. Y por más que me lo expliquen, no consigo entender que al mismo juez al que mandan investigar la dictadura de Pinochet o de Videla lo echen a patadas de la Audiencia Nacional por intentar resolver algunos cabos sueltos de la dictadura en España", declara.

Pero Prado no quiere ser categórico en sus posturas. "Fiarse de uno mismo es de idiotas, sólo los tontos no dudan", asegura. "Creo que es en Perú, donde hay un cartel que me divierte mucho. Cuando vas a incorporarte a una autopista dice: Conduzca a la defensiva. Un autor debe escribir también a la defensiva, porque puede ser cegado por sus propias convicciones".

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