Otra jornada invicto, otro sabor agridulce

  • Empate El Málaga sufrió hasta la expulsión de Manolo Martínez (63') y luego no concretó su superioridad Honores El liderato y el campeonato de invierno fueron para el Numancia

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Hay partidos que se disgregan como matriuskas hasta el punto de que las conclusiones van mudando violentamente. Véase el caso de Tenerife, dos historias antes y después de la expulsión de Manolo Martínez. La primera iba descubriendo un epílogo de lágrimas. De cómo una fiera mordía y arredraba a su contricante; la segunda apuntaba a final feliz, pero el Málaga no supo machacar a un oponente disminuido física, mental y numéricamente. La desazón por desaprovechar media hora en superioridad numérica, la resistencia ante un bravo adversario, la séptima jornada consecutiva sin derrota, la pérdida del campeonato de invierno... La autopsia del partido no admite un adjetivo unívoco.

Se agradecen choques tan frenéticos y con tanto bandazo en su desarrollo porque ese es el caldo de cultivo del fútbol más sugerente. Días atrás pasó por Barcelona Alexey Pazhitnov, el creador del Tetris. Ni siquiera él mismo es capaz de aseverar con firmeza por qué causa estragos en todo el mundo. Opina que su gran reclamo es que el jugador tiene el poder de ordenar el mundo tan caótico que nos rodea. Así es el juego dominical de Muñiz, cuyos futbolistas son por definición dionisiacos pero él los intenta encauzar desde un modo de vida más apolíneo.

Al gijonés no le tiembla el pulso para desordenar la táctica cuando ha visto atorados los partidos, pero es por definición un hombre y un entrenador de guión preestablecido. Oltra, que lo conoce bien en ambas facetas, quiso llevarlo a 90 minutos caóticos, fútbol a reloj corrido. La apuesta le funcionó al técnico local. Los suyos corrieron con seis marchas, pegaron más fuerte, parecieron ser más en el campo desde el arranque. El Málaga sobrevivió en el contragolpe, ese es su hábitat más cómodo. Dio fe Baha a los nueve minutos. La réplica inmediata de Nino (16'), tan ratón y pillo como el Peragón del arranque liguero, reforzaba el guión que se escribía en el tablero. Ambos equipos galopaban de un área a otra (Calleja perdonó una bonita combinación a la contra), Rossato abortó otro gol bajo palos. Una bendita puñalada a la opacidad de la Segunda División.

Pero apareció para jugar Hevia Obras, casero y encogido entre el bullicio del Heliodoro, que celebró su milenio de partidos llevándose el corazón a la garganta para apocar al líder. Todos esos roles hundían una rodilla del Málaga, literalmente sacado de quicio en los albores de la primera mitad. Mirar al marcador le daba el resuello.

El intermedio no cesó la actividad del volcán isleño. Sí lo logró Helder, cuando forzó la segunda amarilla de Manolo Martínez (63'). Las expulsiones siempre tienen un carácter inhibidor. La del cerebro tinerfeño se llevó el decorado de miedo y alta tensión propuesto por Oltra y llamó a escena a Muñiz. Sandro relevó a Carpintero para que buscara el interruptor que encendiera la bombilla. Era cuestión de tiempo.

Más se extinguió con el Tenerife agazapado, temblón previendo la estocada final de los blanquiazules. La producción se agotó en un extemporáneo lanzamiento de falta de Rossato que Juan Pablo punteó a córner. Fue la última taquicardia del partido que esperaba más de su líder y apareció entonces el capítulo de valoraciones.

Porque en El Ejido el Numancia se llevaba los tres puntos y se hacía campeón de invierno, que para eso Soria es donde el termómetro se lleva mejor con el frío. Málaga, que lleva el sol en su ADN, sigue esperando a junio, el título de verdad. También venció la Real Sociedad, que apunta a ogro de la segunda vuelta. Fue el colofón a una jornada dañina en resultados. Pero este Málaga tiene motivos para sólo estimar la estadística interna. El Málaga cerró la primera vuelta con siete jornadas consecutivas sin derrota, tal y como la comenzó, aunque esta vez con dos victorias y cinco empates. Ha quedado demostrado en las últimas Ligas de plata que pesan más las series sin derrota que aquellas sin triunfo. El siete es el número mágico del Málaga, porque son también las jornadas sin dejar de hacer gol, la distancia con el cuarto clasificado y el número de tantos con el que Salva, Baha y Antonio Hidalgo comparten ex aequo el puesto de máximo goleador.

La distancia con el ascenso ha menguado y más persecutores se aprestan en segunda línea, pero las valoraciones continúan haciéndose mirando de arriba abajo.

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