Rubalcaba y el sillón vacío de Rajoy

CON Rodríguez Zapatero por Asia y Mariano Rajoy ausente, el peso de la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados recayó ayer sobre el segundo escalafón parlamentario, el vicepresidente primero y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y la portavoz del Grupo Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, que protagonizaron un debate mucho más entretenido que el que acostumbran sus respectivos jefes de filas.

En la cita cumbre del día, Sáenz de Santamaría, en su esforzado intento por socavar la imagen del favorito para suceder a Rodríguez Zapatero, le planteó a Pérez Rubalcaba una pregunta eminentemente económica, pero repleta de otros asuntos que le gusta a la popular meter, entre col y col, en sus interpelaciones inteligentes de cajón de sastre.

Para que no hubiera dudas sobre el sentido último de su pregunta, la portavoz del Grupo Popular empezó tirando a dar: "Cada vez se parece usted más a José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que dice el portavoz del Gobierno por la mañana, lo desmienten los datos de Gobierno por la tarde". Sobre esa base llegó hasta el optimismo mostrado por el número dos del Gobierno en varias manifestaciones públicas y lo pasó por la revisión a la baja de la economía española en 2011 planteada por la vicepresidente Elena Salgado, que, en opinión de Sáenz de Santamaría, sólo anunció que "la crisis va a ser más larga" y que "el paro va ser peor de lo que se esperaba".

Pérez Rubalcaba le espetó que esa misma revisión se había producido en todos los países desarrollados y en algunos de los emergentes. "Debe ser usted la única del mundo que no se ha enterado de la subida de las materias primas y de los tipos de interés", le reprochó en la primera escaramuza.

Sáenz de Santamaría volvió a lo suyo, y vaticinó "más crisis y más paro, porque Zapatero se va pero los problemas se quedan". Y acusó a los socialistas de "haber perdido la credibilidad" cuando negaron la crisis, y de fracasar políticamente al haber llevado a España a los 4,5 millones y al recortar las políticas sociales. "Y ahora han perdido la cabeza porque el presidente del Gobierno ha salido corriendo y les ha dejado en la carrera", concluyó.

El vicepresidente tercero regresó también a lo suyo: "Creo que es la cuarta vez que le oigo hablar de la sucesión en el PSOE. Está usted preocupada. Mirando el asunto que tiene al lado vacío (el de Mariano Rajoy), lo entiendo perfectamente".

Sobre la revisión de Salgado, Pérez Rubalcaba subrayó que la economía española crecerá un 1,3% en 2011 y que, a partir del segundo trimestre, habrá "una reducción paulatina del paro".

Para el número dos del Gobierno, estas previsiones ponen de manifiesto que el Ejecutivo socialista ha hecho los deberes, y citó al FMI, a los periódicos económicos de referencia y a los propios mercados como avalistas. "Por decirlo, lo dice hasta el señor Rajoy. Eso sí, después de ver a la señora Merkel. Más que verle, de oír a la señora Merkel. Es que realmente no hay nada como viajar un poco", espetó.

Para Pérez Rubalcaba, España estaría como está actualmente Portugal, intervenido por la UE, si hubieran prosperado las tesis del PP en mayo del año pasado. "Y ustedes frotándose las manos por sus elecciones anticipadas y los españoles pagando carísimo el rescate por su irresponsabilidad", añadió.

Además de este enfrentamiento, la sesión estuvo marcada por un nuevo rifirrafe entre el vicepresidente tercero y ministro de Política Territorial y Administración Pública, Manuel Chaves, y los diputados populares andaluces, a propósito del fraude de los ERE y las acusaciones contra familiares del ex presidente de la Junta. También destacaron el trabajo a destajo de la vicepresidenta segunda y ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, y del titular de Trabajo e Inmigración, Valeriano Gómez, ante el aluvión de preguntas de las bancadas de la oposición. Y, por supuesto, sobresalió la caída a un segundo plano del caso Faisán, que, en esta ocasión, le tocó en suerte al ministro de Justicia, Francisco Caamaño, con Ignacio Gil Lázaro como irreductible interpelante.

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