Málaga CF

Rolan recobra el orden en el reino de la locura (3-3)

  • El Málaga consigue su primer y sufrido punto ante el Athletic remontando pese a la expulsión de KuzmanovicUn doblete del uruguayo y otro tanto de Baysse ponen en éxtasis a una Rosaleda entregada

Rolan dispara a puerta. Rolan dispara a puerta.

Rolan dispara a puerta. / M. Báez

El Málaga está vivo. Como el fútbol, impredecible, muchas veces injusto. Rara vez aburrido y menos si es en La Rosaleda. Si querían emociones fuertes, aquí las tienen. Míchel se descamisó, la afición al fin recordó lo que era la euforia y el equipo mostró otra cara. Pecó otra vez con gravedad, concedió y quedó mucho por revisar, pero poco que ver. El 3-3 sabe a gloria y la energía del bigoleador Diego Rolan es motivo de esperanza. Pese a los altibajos, peligrosos para la salud, el malaguismo se va a dormir tranquilo y con su primer punto. Sufrido hasta la locura, como irremediablemente tendrá que llegar cada uno de los que vengan.

La Rosaleda dio el do de pecho esta vez. Fue difícil romper el ambiente festivo pese al mal fario de este Málaga, que bien podría haber entrado al césped por debajo de una escalera tras romper los espejos del vestuario. Luis Hernández, en una crisis de forma alarmante, rompió los esquemas del partido bien pronto. Agarró del pecho a Muniain cuando este le ganaba la espalda. Penalti claro y un 1-0 transformado por Aduriz en sólo cuatro minutos.

Algo daría el escenario para que el equipo no se cayera como viene haciendo esta Liga. El Athletic dio un paso atrás y permitió al Málaga reorganizarse, confiando en Mula y Rolan su poca creatividad entre transiciones a paso de tortuga. De las botas de ambos salieron las mejores oportunidades en el primer tiempo, sumado a un paradón de Kepa a testarazo de Borja Bastón que sirvió de precedente para el éxtasis de La Rosaleda. Y es que el charrúa se alejó del área para entrar más en juego, recibió escorado a la izquierda, tiró la diagonal propia de videojuego y puso el balón en el palo largo. Empate que sabía a gloria y que pudo ser más si Adrián, en ese papel que se le pedía como llegador, hubiera empujado con alguna energía el pase de gol que le sirvió el omnipresente Rolan.

El equipo salió con los mismos ánimos. Retazos de recuperación con un cabezazo de Adrián en el segundo palo tras otra buena combinación de Rolan con Ricca en el lateral. Pero poco duró la fiesta. Lo que tardó en llegar el cruce de cables de Del Cerro Grande y Kuzmanovic. Perdió el balón el serbo-suizo en una probable falta de Muniain que costó el golazo de Iñaki Williams, a bocajarro ante Roberto. Protestó el Málaga y protestó Kuzmanovic después de que el colegiado le señalara á él la misma acción, esta sobre Córdoba, que obvió en el gol en contra. Estalló el medio centro, vio la amarilla por la falta y una roja -con su correspondiente tangana- por sus airadas quejas que, en condiciones normales, habrían dejado sentenciado el partido.Se repitieron fases del choque en Valencia. Luis Hernández añadió a su inexplicable colección un nuevo regalo, hoy para el Athletic. Despejó mal, tocó el balón en la mano de un futbolista vasco y quiso sacar la falta más rápido que bien. Tanto que la entregó a Muniain, nuevamente asistente para que Iñaki Williams hiciera el tercer tanto bilbaíno. Pero esto es fútbol, permítase el discurso tópico, y de los 90 minutos no se puede tirar uno. Tras una travesía por el destierto y a falta de diez minutos, en una falta lateral entró Paul Baysse al segundo palo, empujó el balón y lo abrazó para correr al centro del campo. Se rompió el partido y se entonó el "sí se puede".

Tuvo que ser Rolan, el MVP indiscutible, el que castigase a un Athletic al que no le faltaron las ocasiones. Iñaki Williams pudo chafar la remontada de no ser por Roberto, pero el altar de La Rosaleda tenía su hueco reservado para el uruguayo, al que desde hoy se coloca en ese pedestal tan volátil como los resultados, y en el que se espera que siga por mucho. Un centro de Rosales lo tocó Borja Bastón -con una posible falta sobre su marcador, todo sea dicho- y ahí, lleno de fe y con una energía impropia de tales alturas de partido, llegó Rolan para comerse el espacio de Lekue y hacer el tercero. Incluso el cuarto pudo haber hecho si el extraordinario Kepa no se hubiera plantado heróico en su área pequeña. Pero como sea, un punto de aire, de moral y de esperanza. Hay vida.

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