Testimonios vivos de la arquitectura megalítica

  • Sólo cinco enclaves de esta naturaleza están inscritos como Patrimonio Mundial de la Unesco El Conjunto de los Dólmenes de Antequera se juega el sexto en la lista definitiva

¿Quién no ha oído hablar nunca del monumento de Stonehenge, ese círculo pétreo levantado sobre una extensa llanura de color verde? En la televisión, en los periódicos, en los programas de radio, en blogs. La cantidad de información que aparece al clickear en Google es infinita. Leyendas, cómo llegar desde Londres, significado del monumento aparecen entre los temas más buscados. Si se bucea un poco más aparece una página con la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco, donde figura desde 1986 inscrita esta obra construida a finales del Neolítico.

Estos días, el Conjunto Arqueológico de los Dólmenes de Antequera se juega su puesto en el codiciado registro, donde sólo hay cinco enclaves de esta naturaleza: los Sitios de Newgrange de Irlanda; Las Orcadas, el propio Stonehenge y Avebury en Reino Unido; y los Templos prehistóricos de Malta. Testimonios vivos de la arquitectura megalítica, de la grandeza humana. Para acreditar esta distinción y ser incluidos en la lista de la Unesco, los sitios deben tener un valor universal y cumplir al menos uno de cada diez criterios de selección.

La primera construcción en ganar el ingreso se corresponde con los seis templos de la isla de Malta y de su archipiélago Gozo. Lo hizo en 1980 gracias al requisito IV: "Los monumentos son notables no sólo por su sorprendente originalidad, complejidad y proporcionalidad, sino también por la habilidad técnica necesaria para su construcción", reza la descripción en la web de la Unesco. En la isla maltesa, los templos de Hagar Qinn, Mnajdra y Tarxien son obras maestras únicas en su género. Mientras que en Gozo, el valor añadido de los dos templos de Ggantija reside en sus colosales estructuras levantadas en la Edad del Bronce. Por último, las construcciones de T'Hagrat y de Skorba se conservan como uno de los mayores testimonios vivos de la perdurabilidad de la tradición.

Seis años después, los monumentos de Avebury, Stonehenge y emplazamientos asociados (Irlanda, Inglaterra) fueron reconocidos como Patrimonio Cultural de la Humanidad. El comité tuvo entonces en cuenta varios criterios, entre ellos el I, es decir, el enorme valor creativo y tecnológico de esta hazaña construida en tiempos prehistóricos. En palabras de los propios embajadores de la Unesco, Stonehenge es "el círculo arquitectónico de piedra más sofisticado en el mundo" y Avebury, monumento neolítico situado en el condado inglés de Wiltshire, "el más grande en el mundo con un 1,3 kilómetros de circunferencia".

Otro de los criterios recurrentes fue el II, ya que los complejos arquitectónicos británicos proporcionan una ilustración sobresaliente de la evolución de la construcción de monumentos desde hace más de 2.000 años (desde principios del Neolítico a la Edad de Bronce). Éstos, además, han influido considerablemente a arquitectos, artistas, historiados y arqueólogos, y aún atesoran un enorme potencial para futuras investigaciones. Finalmente, también cumplieron con el requisito número III: dar un testimonio único o al menos excepcional de una tradición cultural o de una civilización viva o desaparecida. "Stonehenge y Avebury ofrecen una visión excepcional acerca de las prácticas funerarias y ceremoniales en Gran Bretaña durante el Neolítico y la Edad del Bronce", aseguran en la página web de la Unesco.

A unos 50 kilómetros al norte de Dublín, en la orilla septentrional del río Boyne, se alza el conglomerado arquitectónico de Brú na Bóinne. Conformado por tres construcciones -Newgrange, Knowth y Dowth- , es el ejemplo más relevante de conjunto megalítico de Europa, dotado de un gran número de monumentos con funciones sociales, económicas, religiosas y funerarias.

A destacar, el pasaje funerario de Newgrange. El yacimiento arqueológico más famoso de Irlanda está perfectamente orientado astronómicamente: una vez al año, en la mañana del solsticio de invierno en el Hemisferio Norte, la luz penetra en el pasaje e ilumina el suelo de la cámara durante 17 minutos. El fenómeno, un espectáculo de luces prehistórico que lleva produciéndose a la misma hora y en la misma fecha desde hace 5.000 años, es observado desde la entrada por aquellos afortunados que hayan ganado un sorteo anual. Los expertos aseguran que de 25 tumbas de corredor encontradas en el Valle del Boyne, sólo Newgrange tiene esta disposición astronómica.

Una estampa similar se contempla cada 21 de junio -el solsticio de verano- en el Conjunto Arquitectónico de los Dólmenes de Antequera. Al amanecer, los rayos del sol inciden en el interior llegando a iluminar las losas del lateral derecho del dolmen de Menga. Durante el resto del año permanece en penumbra. El monumento malagueño excepcionalmente abre sus puertas a 25 personas para la observación del amanecer allí.

El último grupo de monumentos con estas características en entrar a la Lista de Patrimonio Mundial fue el núcleo neolítico de las Orcadas, emplazado en un archipiélago del norte de Escocia. Este cuerpo arquitectónico comprende una gran tumba con cámaras funerarias (Maes Howe); dos círculos de piedras ceremoniales (las piedras enhiestas de Stenness y el círculo de Brodgar); y un lugar de poblamiento (Skara Brae), así como algunos monumentos funerarios, lugares ceremoniales y asentamientos humanos que todavía no se han excavado.

A la hora de seleccionarlo, cuatro fueron los criterios elegidos (I, II, III y IV), entendiéndose así que las Orcadas, en su conjunto, "forman un importante paisaje cultural prehistórico, ilustrativo del modo de vida del hombre en este remoto archipiélago hace 5.000 años", afirma la Unesco en su portal de información. Durante estos días, la comisión elegirá cuáles son los criterios que reúne los Dolmenes de Antequera.

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