Helena Pimenta. Directora de la CNTC

"No hay que subrayar nada al público. ¡Hablamos de 'Macbeth'!"

El Macbeth que llega hoy al Festival de Teatro de Málaga supone un nuevo escalón en la abrumadora carrera shakespeariana de Helena Pimenta (Salamanca, 1955), responsable de Ur Teatro y desde el año pasado directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Montajes previos como La tempestad y Sueño de una noche de verano ya confirmaron que el bardo tiene en esta creadora única su mejor aliado en España.

-Ur Teatro es ya una verdadera autoridad en lo referente a Shakespeare, con numerosos montajes de sus obras. Pero ¿se le puede perder el respeto?

-Conviene tenerle siempre un poco de respeto. Cuando empezamos teníamos todo el descaro de la juventud, el atrevimiento de hacer cosas nuevas, pero a la vez ya en nuestros primeros trabajos shakespearianos profesábamos cierto respeto al autor. El teatro de Shakespeare es inalcanzable, siempre tienes la sensación de que no puedes abarcarlo del todo. Peter Brook se refería a Shakespeare como un carbón ardiendo que cambia de color según la mirada que le preste atención, y tenía razón. Yo quiero seguir teniéndole el mismo respeto, pero a la vez quiero representarlo a mi modo, enfocarlo desde mi punto de vista. Creo que a él no le molestaría.

-Resulta sencillo caer en la tentación de establecer relaciones entre Macbeth y algunas cuestiones de actualidad. ¿Tuvieron presentes esas relaciones mientras ponían en marcha el montaje?

-Siempre que montamos una obra de Shakespeare tenemos presente el mundo en que fue creada, pero es inevitable establecer ciertas analogías con el mundo actual. Pero no hemos forzado nada al respecto, sólo hemos afinado algunas acepciones de algunos términos, de manera muy natural. En esta ocasión hemos optado por una estética de principios del siglo XX, cuando transcurrió la primera gran guerra que fue recordada posteriormente de manera icónica, gracias a las imágenes que se tomaron del conflicto. Pero lo dicho, no hay que reforzar nada, no hace falta subrayar esas analogías al espectador. ¡Estamos hablando de Macbeth!

-¿Cómo ha traducido en este Macbeth la experiencia obtenida en sus montajes anteriores de Shakespeare?

-A medida que vas creciendo como directora escénica vas eliminando algunas fases más eruditas y teóricas y al mismo tiempo encuentras los mecanismos para hacerlo todo más natural e inmediato, más personal. Se trata, siempre, de encontrar un equilibrio entre la técnica y lo que dota de singularidad a tu manera de trabajar. Eso se percibe claramente en el hecho de que nuestros actores, cuando interpretan a Shakespeare, comprenden ya de inmediato que el material con el que trabajan es el ser humano. Para llegar a eso hay que acometer una especie de disección del texto, aplicar una lupa a cada palabra e ir iluminando el trabajo a partir de ahí.

-¿No han tenido nunca la sensación de que esa disección se hacía interminable en un lenguaje tan de aluvión como el de Shakespeare?

-Sí, de hecho el trabajo para levantar este Macbeth nos llevó todo un año, y eso que veníamos de hacer otro montaje de la misma obra en Galicia y en gallego, que estrenamos en 2005. Es cierto que el texto tiene mucho músculo. Representa casi una cima por la que vas ascendiendo pero que nunca llegas a culminar. De todas formas, esa experiencia de la que te hablaba antes nos ha facilitado mucho las cosas.

-Macbeth es una obra bien conocida por el gran público. ¿Influye en su trabajo la posibilidad de que cada espectador tenga un Macbeth ya montado en su cabeza?

-En Ur Teatro siempre abordamos el trabajo desde nuestra mirada propia, especialmente cuando montamos textos que de alguna forma pertenecen al imaginario colectivo. Pero eso no quiere decir que nos desentendamos de ese Macbeth en el que espectador puede estar pensando de antemano. Nuestra intención es hacer un shakespeare personal y a la vez reconocible. Por eso prestamos especial atención a los personajes que pueden derivar en tópicos como el mismo Macbeth. Por lo general, éste pasa por ser un malo malísimo, pero la obra deja bien claro que se trata de una persona normal que llega a una situación extrema por una serie de circunstancias.

-¿Ayudó a Shakespeare el hecho de ser actor para escribir obras de tal calibre?

-Shakespeare era un hombre de teatro. No sólo era actor, también empresario. Hacía lo que le tocaba hacer en cada momento, como en las compañías de la época. Pero, afortunadamente, se dedicó a escribir, que era lo que mejor se le daba. Y creo que sí, que el vivir tan cerca del medio teatral le ayudó a escribir sus obras porque le permitió incorporar al público a su mirada.

-Su montaje de Macbeth ha vuelto a encandilar al público y la crítica. ¿Cómo se hace?

-Imagino que tratándose de Shakespeare se juega con ventaja. Él escribía para gente que iba a ver sus obras de maneras muy distintas, con orígenes, condiciones y niveles culturales a menudo antagónicos. Pero a todas esas personas les brindaba una experiencia poética intensa y única. La cuestión es hacerse esa pregunta, cómo se hace. Nosotros no sabemos cómo.

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