BREVIARIO

Alejandro V. Garcia

Extramuros

LAS campañas electorales del País Vasco y de Galicia se juegan con dureza, pero no allí sino lejos de casa. Es más, las contadas crónicas que logran un hueco discretísimo en los periódicos de las restantes autonomías indican que en el País Vasco, una vez apeados los abertzales, los partidos bostezan, y en Galicia, salvo por el capítulo de los muebles del despacho de Touriño (¡qué ajuar compondrían con los trajes de Camps!) se timonea por los mismos mares anodinos a espera de que el 1-M se cumplan los sondeos.

En cambio, fuera del campo de juego propio, en canchas tan apartadas como la Comunidad de Madrid, la de Valencia y la finca de Cabeza Prieta de Jaén (desde el Cantábrico a Alborán, en aguas de Melilla) las elecciones vasca y gallega se juegan a degüello. PSOE y PP saborean con una delectación caníbal las miserias del contrario, por más que el plato de caza de Bermejo (carne de monte a las malas hierbas) sea menos suculento que la olla podrida de Madrid en la que sobrenadan la grasa del espionaje y la trama recocida de Francisco Correa. No es de extrañar la pasión con que se compite alrededor del País Vasco y Galicia. Los dos partidos nacionales se juegan mucho en ambas comunidades. Incluso en el orden interno, Rajoy ha apostado su continuidad. Luego, en junio, llegarán las europeas. Pero ese será otro partido.

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